danie
solo un pensamiento...
Como hundiendo la mano en un hueco sin fondo, intentando rozar los sentimientos del tiempo, ambicionando alcanzar con las yemas de los dedos esas alturas canonizadas pero llegando a los celajes carentes, solo arañando a las naciones sin pueblo, los espacios infinitos de una algarabía del recuerdo (un simple y borroneado bosquejo), solo llegando al limbo y su margen que divide a la mente del cuerpo; así me siento hoy y siempre, con la nostálgica voz marginada de esas eras de luz, de cosmos de aureolas caídas por la gabela del olvido ( efímeros destellos de un dios sin creación, también, de una creación sin ningún dios).
Son sueños desesperados de los segundos de un albor extinto, el difunto pasajero de un beso que se hospeda en el húmedo paño de la demencia de una lágrima despojada de los ojos.
Tantas palabras y tanto vacío, tantos textos sin nada que expresar, tanta tinta derramada que se vuelve sangre para alimentar las venas de un baldío, los suburbios sin vida de las ruinas que dejó el tifón del adiós y su hado de luminiscencia no nacida.
Yo, hoy, te ofrendo mi visión ciega de poeta que solo ve al empañado reflejo del espejo sin cristal, sin caras ni formas, solo tristes grafías de runas muertas; también, te dono mi lengua muda enroscada al corazón, mis oídos que solo oyeron las camufladas verdades de un evangelio sin profetizador, mi nariz y su olfato que jamás olió el aroma portentoso de mi dama de noche.
Yo, hoy, te regalo mis manos que escribieron tantas áridas arenas y se perdieron en la ciénaga de los verbos sin acción.
Abro mi pecho, de caliza y estalagmita, fatigado por la angustia de no conocer tu sabor, y de él te entrego mi sangre hervida en el delirio, mis venas de cortante silente, mi carne putrefacta y doliente, mis músculos entumecidos y mis huesos roídos por la soledad.
Te entrego mi creación imperfecta para que juegues con ella o hagas lo que se te plazca, incluso tirarla a la basura si deseas, pero no te doy mi mente y su deliberada amnesia.
Con ella seguiré oculto en las sombras de un lamento.
Son sueños desesperados de los segundos de un albor extinto, el difunto pasajero de un beso que se hospeda en el húmedo paño de la demencia de una lágrima despojada de los ojos.
Tantas palabras y tanto vacío, tantos textos sin nada que expresar, tanta tinta derramada que se vuelve sangre para alimentar las venas de un baldío, los suburbios sin vida de las ruinas que dejó el tifón del adiós y su hado de luminiscencia no nacida.
Yo, hoy, te ofrendo mi visión ciega de poeta que solo ve al empañado reflejo del espejo sin cristal, sin caras ni formas, solo tristes grafías de runas muertas; también, te dono mi lengua muda enroscada al corazón, mis oídos que solo oyeron las camufladas verdades de un evangelio sin profetizador, mi nariz y su olfato que jamás olió el aroma portentoso de mi dama de noche.
Yo, hoy, te regalo mis manos que escribieron tantas áridas arenas y se perdieron en la ciénaga de los verbos sin acción.
Abro mi pecho, de caliza y estalagmita, fatigado por la angustia de no conocer tu sabor, y de él te entrego mi sangre hervida en el delirio, mis venas de cortante silente, mi carne putrefacta y doliente, mis músculos entumecidos y mis huesos roídos por la soledad.
Te entrego mi creación imperfecta para que juegues con ella o hagas lo que se te plazca, incluso tirarla a la basura si deseas, pero no te doy mi mente y su deliberada amnesia.
Con ella seguiré oculto en las sombras de un lamento.