Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
Marchito mi ser, reblandeció mi alma y perforo con su látigo
mi dignidad con su violencia franca,
no le importo, anulo mi empírica calma,
desmembró ágil la intacta esperanza
que recorría mis venas tenaces.
Invadí su infierno, oprimió mi abismo,
encorvo de golpe mis huesos erguidos.
Era amorosa, me trataba como Dios
trata a las flores, me consolaba con la eficacia
de saber querer al quebrantado.
Marchito mi ser, trastoco el galope del viento,
deformo el arrullo de las olas
y fracturo la conciencia de la fe.
mi dignidad con su violencia franca,
no le importo, anulo mi empírica calma,
desmembró ágil la intacta esperanza
que recorría mis venas tenaces.
Invadí su infierno, oprimió mi abismo,
encorvo de golpe mis huesos erguidos.
Era amorosa, me trataba como Dios
trata a las flores, me consolaba con la eficacia
de saber querer al quebrantado.
Marchito mi ser, trastoco el galope del viento,
deformo el arrullo de las olas
y fracturo la conciencia de la fe.