Anaid Anelim Luna
Poeta recién llegado
Violeta, tenía unos ojotes color tierra, una corta sonrisa color estrella y una cabellera lisa color selva.
El silencio era uno de sus lugares predilectos en la vida, allí podía quedarse sentada horas y horas, hablándose y sonriéndose.
Como también lo era, el café acompañado en una tarde soleada. Ese si que era otro de sus lugares preferidos. Esté, era para ella un lugar mágico. El espacio donde ella y sus amigos se transportaban a los mundos creados por las letras.
Vivirse en las letras, eso sí que era algo abracadabrante para ella. Llevarse un sorbo de café a la boca escuchando brotar de los adentros de algún amigo las palabras negras. sabiéndose testigo junto con sus compañeros de una poesía maldita crucificada en el vacío. Descubrir al ser ajeno apoderándose de su sentir, eso si que era algo loco, algo trágico, algo cómico, algo vivido para Violeta.
La música soñadora, era otro de sus lugares favoritos. Le gustaba tanto soñarse en la música, hallarse perdida en los sueños de algún cantante romanticón, eso si que era para ella una hermosa sensación. Porque era, una sensación de ser ella y de ser otra al mismo tiempo, de estar viva en la herida o en la alegría de un otro que no conocía, pero reconociéndose a ella misma llorando esa desdicha y sonriendo esa felicidad.
Esos eran sus lugares, ella los visitaba y la hacían tan feliz.
Alguna vez escuchandose en las letras de una canción ajena que encontraba tan de ella, descubrió que quería que otras personas vivenciarán también sus sentires a través de las letras, al grado de confundir su ser con el de ella. Entonces, decidió poner a danzar letras sobre un pálido papel, creando para su asombro un hermoso poema. Un poema negro como él que alguna vez brotó del ser de sus amigos. Un poema que más que poema fue música que movió las caderas de las letras.
El silencio era uno de sus lugares predilectos en la vida, allí podía quedarse sentada horas y horas, hablándose y sonriéndose.
Como también lo era, el café acompañado en una tarde soleada. Ese si que era otro de sus lugares preferidos. Esté, era para ella un lugar mágico. El espacio donde ella y sus amigos se transportaban a los mundos creados por las letras.
Vivirse en las letras, eso sí que era algo abracadabrante para ella. Llevarse un sorbo de café a la boca escuchando brotar de los adentros de algún amigo las palabras negras. sabiéndose testigo junto con sus compañeros de una poesía maldita crucificada en el vacío. Descubrir al ser ajeno apoderándose de su sentir, eso si que era algo loco, algo trágico, algo cómico, algo vivido para Violeta.
La música soñadora, era otro de sus lugares favoritos. Le gustaba tanto soñarse en la música, hallarse perdida en los sueños de algún cantante romanticón, eso si que era para ella una hermosa sensación. Porque era, una sensación de ser ella y de ser otra al mismo tiempo, de estar viva en la herida o en la alegría de un otro que no conocía, pero reconociéndose a ella misma llorando esa desdicha y sonriendo esa felicidad.
Esos eran sus lugares, ella los visitaba y la hacían tan feliz.
Alguna vez escuchandose en las letras de una canción ajena que encontraba tan de ella, descubrió que quería que otras personas vivenciarán también sus sentires a través de las letras, al grado de confundir su ser con el de ella. Entonces, decidió poner a danzar letras sobre un pálido papel, creando para su asombro un hermoso poema. Un poema negro como él que alguna vez brotó del ser de sus amigos. Un poema que más que poema fue música que movió las caderas de las letras.