Hada
Poeta fiel al portal
Matices del hambre
[video=youtube;CE6RN3kpwpY]http://www.youtube.com/watch?v=CE6RN3kpwpY[/video]
♪♫ Pascal Comelade-Promenade des schizophrènes (no encontré un video mejor)
Acostumbrarme al hambre que no es hambre sino una cosa más perversa. Es un pulso en las venas, un malestar de guerra, ese rasgar el infinito para encontrar algo iridiscente y mágico; algo que se sabe inexistente pero te obliga a creer en los lindes de su ausencia. Una sangre de alimañas, de pequeñas criaturas que zumban razones incompletas y te adormecen. Voracidad de carnes y pieles, de sustancias estériles y frágiles. Hambre de algo que bautice la existencia, que guíe sus bordes amorfos, que dispare en su centro y la saque de su miseria, que llene los huecos con reminiscencias lumínicas.
Algo. Algo entero. Algo en su lugar.
Aunque sea una verdad sobre estas ansias que aparecen y desaparecen en la bruma de la inercia. Acostumbrarme a la tentación de devorar la conciencia, de llenarla de nombres absolutos para que tenga sabor a realidad.
Ahora respiro.
Ahora esta caverna hace que todo resulte insípido. Ahora temo los temores de la gente y se me prende una desesperación al cuerpo, una estúpida ansiedad, un querer abarcarlo todo, tenerlo todo, cautivarlo todo. No lo entiendo, la felicidad era mi transcurrir famélico. Y de repente me asume la normalidad y el pavor a los precipicios. A dónde ir es el interrogante que resuena en las médulas como si de allí crecieran las sonrisas.
Ahora me crecen las lágrimas.
No quiero hacerme cargo de esta sensación adulta, de este envejecer prematuro, de los días que arden. Pero ahí sigue la condición hambrienta, mientras más la disipo, más se afirma.
He alimentado al monstruo insaciable de la escasez.
[video=youtube;CE6RN3kpwpY]http://www.youtube.com/watch?v=CE6RN3kpwpY[/video]
♪♫ Pascal Comelade-Promenade des schizophrènes (no encontré un video mejor)
Acostumbrarme al hambre que no es hambre sino una cosa más perversa. Es un pulso en las venas, un malestar de guerra, ese rasgar el infinito para encontrar algo iridiscente y mágico; algo que se sabe inexistente pero te obliga a creer en los lindes de su ausencia. Una sangre de alimañas, de pequeñas criaturas que zumban razones incompletas y te adormecen. Voracidad de carnes y pieles, de sustancias estériles y frágiles. Hambre de algo que bautice la existencia, que guíe sus bordes amorfos, que dispare en su centro y la saque de su miseria, que llene los huecos con reminiscencias lumínicas.
Algo. Algo entero. Algo en su lugar.
Aunque sea una verdad sobre estas ansias que aparecen y desaparecen en la bruma de la inercia. Acostumbrarme a la tentación de devorar la conciencia, de llenarla de nombres absolutos para que tenga sabor a realidad.
Ahora respiro.
Ahora esta caverna hace que todo resulte insípido. Ahora temo los temores de la gente y se me prende una desesperación al cuerpo, una estúpida ansiedad, un querer abarcarlo todo, tenerlo todo, cautivarlo todo. No lo entiendo, la felicidad era mi transcurrir famélico. Y de repente me asume la normalidad y el pavor a los precipicios. A dónde ir es el interrogante que resuena en las médulas como si de allí crecieran las sonrisas.
Ahora me crecen las lágrimas.
No quiero hacerme cargo de esta sensación adulta, de este envejecer prematuro, de los días que arden. Pero ahí sigue la condición hambrienta, mientras más la disipo, más se afirma.
He alimentado al monstruo insaciable de la escasez.