AndrésCa
Poeta recién llegado
Yo crecí en un lugar donde te enseñan todo a punta “bullying”,
Como en el ejercito,
Lo llamamos “Bullying del sano”.
Generalmente el que comete actos imbéciles,
al criterio de los más avanzados,
es matoneado y expuesto de forma “montadora”.
Esto le enseña a tener cuidado (no “dar papaya”),
a tener paciencia, y a aprovechar el momento
en el que se convierta en el matonero.
Cuando las cosas “se salen de manos”,
todos reaccionamos con el matonero que llevamos dentro,
el agresor, la víctima,
que generalmente es vengativa y resentida,
y por último los ofendidos,
Todos nos la arreglamos para dar nuestro punto de vista irritado,
y de paso poner uno que otro calificativo ofensivo,
y muchas veces se nos vuelve “a ir la mano”,
y se nos vuelve a ir,
y se nos vuelve a ir… hasta que “realmente se nos va”.
Lo más triste es que parece que no aprendemos nada,
todo sigue igual que siempre,
un “sancocho violento” de bullying,
envuelto en un eterno retorno sangriento.
Por supuesto,
la culpa la tiene el aparato digestivo educativo,
sus responsables he integrantes,
a veces pienso que:
¡A los de mi tierra no se les debería permitir enseñar!
Somos un pueblo violento y matonero,
y enseñamos consciente o inconscientemente,
a ser matoneros y violentos.
Como en el ejercito,
Lo llamamos “Bullying del sano”.
Generalmente el que comete actos imbéciles,
al criterio de los más avanzados,
es matoneado y expuesto de forma “montadora”.
Esto le enseña a tener cuidado (no “dar papaya”),
a tener paciencia, y a aprovechar el momento
en el que se convierta en el matonero.
Cuando las cosas “se salen de manos”,
todos reaccionamos con el matonero que llevamos dentro,
el agresor, la víctima,
que generalmente es vengativa y resentida,
y por último los ofendidos,
Todos nos la arreglamos para dar nuestro punto de vista irritado,
y de paso poner uno que otro calificativo ofensivo,
y muchas veces se nos vuelve “a ir la mano”,
y se nos vuelve a ir,
y se nos vuelve a ir… hasta que “realmente se nos va”.
Lo más triste es que parece que no aprendemos nada,
todo sigue igual que siempre,
un “sancocho violento” de bullying,
envuelto en un eterno retorno sangriento.
Por supuesto,
la culpa la tiene el aparato digestivo educativo,
sus responsables he integrantes,
a veces pienso que:
¡A los de mi tierra no se les debería permitir enseñar!
Somos un pueblo violento y matonero,
y enseñamos consciente o inconscientemente,
a ser matoneros y violentos.