Sira
Poeta fiel al portal
Me colma y, a la vez, me drena
Parece ser que te encanta herirme. Parece ser que te alegras de tener poder emocional sobre mí.
Parece que no te importa en absoluto como pueda yo sentirme. O cuantas lágrimas puedas hacerme derramar, con tal de tener ventaja sobre mi voluntad.
Tú eres más fuerte, tú me doblegas a tu merced. Pero el cachorro crece, y se convierte en bestia.
Y el amor se agota, y se convierte en hiel.
Parece ser que también tengo reservas de amor inagotables para ti. Y no sé por qué... pues a veces creo que no las mereces, ni tampoco las aprecias.
Nunca leerás esta hoja de papel, porque sé que no sabrías estimar mejor mi tristeza gracias a ella. Ni tampoco entenderías todo lo que te he llegado a querer a pesar de tu imposible carácter y tus continuos desaires.
Yo pensaba que era otra persona, y entonces apareciste de la noche a la mañana. Y es que, mi amor por ti, me hace fuerte y débil al mismo tiempo.
Me colma y, a la vez, me drena.
A veces pienso que hubiera sido mejor no haberme cruzado jamás en tu camino. Porque, sin duda, si el momento de la separación llega, estoy segura de que seré yo la que deje cada noche una estela de lágrimas sobre la almohada.
Tú seguirás adelante... tal vez sin ni una sola mirada atrás que dedicarme de nuevo. Y no puedo reprochártelo, porque sabía quién eras. Sé qué es lo que eres.
Tal vez sepa más de lo que me gustaría saber; que puede que no sea mucho, pero es suficiente. Y fui yo quien eligió quererte, a pesar de todo.
Y por ende, es en días como éste cuando no puedo evitar el preguntarme si acaso me habré equivocado. Si la angustia que soporto con tal de permanecer a tu lado merece la pena. O si realmente me quieres.
Porque ni por tus palabras ni por tus actos puedo discernirlo a veces.
Me haces añicos y más tarde lames mis heridas. Y después vuelves a abrirlas con tesón y malicia, casi como si disfrutases viendo fluír la sangre sobre mi piel pálida.
¿Quién te has creído que eres?
¿Y en qué me conviertes a mí, si al final de cada día no tengo más remedio que reconocer que sigo amándote, aun a costa de ir muriendo poco a poco por dentro?
Parece ser que te encanta herirme. Parece ser que te alegras de tener poder emocional sobre mí.
Parece que no te importa en absoluto como pueda yo sentirme. O cuantas lágrimas puedas hacerme derramar, con tal de tener ventaja sobre mi voluntad.
Tú eres más fuerte, tú me doblegas a tu merced. Pero el cachorro crece, y se convierte en bestia.
Y el amor se agota, y se convierte en hiel.
Parece ser que también tengo reservas de amor inagotables para ti. Y no sé por qué... pues a veces creo que no las mereces, ni tampoco las aprecias.
Nunca leerás esta hoja de papel, porque sé que no sabrías estimar mejor mi tristeza gracias a ella. Ni tampoco entenderías todo lo que te he llegado a querer a pesar de tu imposible carácter y tus continuos desaires.
Yo pensaba que era otra persona, y entonces apareciste de la noche a la mañana. Y es que, mi amor por ti, me hace fuerte y débil al mismo tiempo.
Me colma y, a la vez, me drena.
A veces pienso que hubiera sido mejor no haberme cruzado jamás en tu camino. Porque, sin duda, si el momento de la separación llega, estoy segura de que seré yo la que deje cada noche una estela de lágrimas sobre la almohada.
Tú seguirás adelante... tal vez sin ni una sola mirada atrás que dedicarme de nuevo. Y no puedo reprochártelo, porque sabía quién eras. Sé qué es lo que eres.
Tal vez sepa más de lo que me gustaría saber; que puede que no sea mucho, pero es suficiente. Y fui yo quien eligió quererte, a pesar de todo.
Y por ende, es en días como éste cuando no puedo evitar el preguntarme si acaso me habré equivocado. Si la angustia que soporto con tal de permanecer a tu lado merece la pena. O si realmente me quieres.
Porque ni por tus palabras ni por tus actos puedo discernirlo a veces.
Me haces añicos y más tarde lames mis heridas. Y después vuelves a abrirlas con tesón y malicia, casi como si disfrutases viendo fluír la sangre sobre mi piel pálida.
¿Quién te has creído que eres?
¿Y en qué me conviertes a mí, si al final de cada día no tengo más remedio que reconocer que sigo amándote, aun a costa de ir muriendo poco a poco por dentro?