Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Me olvidé de ti
como se olvida el tren que no se toma,
como se olvida un paraguas en la puerta
justo cuando deja de llover.
Te fuiste disolviendo entre las grietas
de los días que pasan sin hacer ruido,
y ahora no sé si fuiste un libro
que nunca terminé o un sueño
que se escurría entre los dedos.
Me olvidé de ti
como se olvida una canción
que tarareabas al borde del cansancio,
como se olvidan los nombres
de los personajes secundarios,
de esos que aparecen un instante
y luego se van,
sin despedirse, sin promesa de regreso.
No fue un acto consciente,
no hubo lágrimas ni abrazos de despedida,
sólo esa cadencia lenta
con la que el olvido teje su red,
hilos finos que se enredan en la memoria
hasta que un día te das cuenta
de que la historia ya no está.
Y sin embargo,
en noches de luna impar,
a veces el eco de tu voz,
vuelve en los charcos de la ciudad
y me recuerda que, tal vez,
nunca fuiste del todo.
como se olvida el tren que no se toma,
como se olvida un paraguas en la puerta
justo cuando deja de llover.
Te fuiste disolviendo entre las grietas
de los días que pasan sin hacer ruido,
y ahora no sé si fuiste un libro
que nunca terminé o un sueño
que se escurría entre los dedos.
Me olvidé de ti
como se olvida una canción
que tarareabas al borde del cansancio,
como se olvidan los nombres
de los personajes secundarios,
de esos que aparecen un instante
y luego se van,
sin despedirse, sin promesa de regreso.
No fue un acto consciente,
no hubo lágrimas ni abrazos de despedida,
sólo esa cadencia lenta
con la que el olvido teje su red,
hilos finos que se enredan en la memoria
hasta que un día te das cuenta
de que la historia ya no está.
Y sin embargo,
en noches de luna impar,
a veces el eco de tu voz,
vuelve en los charcos de la ciudad
y me recuerda que, tal vez,
nunca fuiste del todo.