Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
I.
Bajo la luna pálida,
camino solitario,
busco en la sombra,
los ecos de un pasado,
que se pierden en la bruma del recuerdo.
II.
Suspiros del viento,
se entrelazan con mis sueños,
siluetas difusas,
de un amor que se ha ido.
III.
El reloj marca el tiempo,
sus manecillas crueles,
dibujan en mi piel,
cicatrices invisibles,
de un adiós que nunca fue.
IV.
La lluvia en la ventana,
canta canciones tristes,
cada gota es un lamento,
de días que no volverán.
V.
Las estrellas titilan,
como lágrimas en el cielo,
mi corazón, refugio,
de penas y alegrías,
late en un compás de soledad.
VI.
En el parque desierto,
los columpios vacíos,
guardan las risas,
de un tiempo que se fue.
VII.
En la noche oscura,
mi alma se desvela,
buscando respuestas,
en los susurros del viento,
y en el silencio del mar.
VIII.
Las olas rompen,
contra el peñasco firme,
así mis pensamientos,
se estrellan en mi mente.
IX.
La ciudad duerme,
sus luces parpadean,
como sueños rotos,
que flotan en el aire,
dejando un rastro de melancolía.
X.
Cierro los ojos,
y en la penumbra,
veo tu rostro,
un espejismo,
que desvanece con el alba.
Bajo la luna pálida,
camino solitario,
busco en la sombra,
los ecos de un pasado,
que se pierden en la bruma del recuerdo.
II.
Suspiros del viento,
se entrelazan con mis sueños,
siluetas difusas,
de un amor que se ha ido.
III.
El reloj marca el tiempo,
sus manecillas crueles,
dibujan en mi piel,
cicatrices invisibles,
de un adiós que nunca fue.
IV.
La lluvia en la ventana,
canta canciones tristes,
cada gota es un lamento,
de días que no volverán.
V.
Las estrellas titilan,
como lágrimas en el cielo,
mi corazón, refugio,
de penas y alegrías,
late en un compás de soledad.
VI.
En el parque desierto,
los columpios vacíos,
guardan las risas,
de un tiempo que se fue.
VII.
En la noche oscura,
mi alma se desvela,
buscando respuestas,
en los susurros del viento,
y en el silencio del mar.
VIII.
Las olas rompen,
contra el peñasco firme,
así mis pensamientos,
se estrellan en mi mente.
IX.
La ciudad duerme,
sus luces parpadean,
como sueños rotos,
que flotan en el aire,
dejando un rastro de melancolía.
X.
Cierro los ojos,
y en la penumbra,
veo tu rostro,
un espejismo,
que desvanece con el alba.