José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Balcón triste, desmadejado,
otrora esplendoroso, una belleza
contemplarte desde la calle
lleno de bellos claveles, hortensias, violetas;
la bendición de Dios en la tierra.
Las golondrinas te trinan, los canarios
te cantan las bulerías de la alegría,
tu alma está henchida de felicidad
como la catarata con su agua.
Los dioses de la galaxia se arrodillan
cuando exhalan tu fragancia de perfume
de anacardos y avellanas, eres sedante
como el río cuando desciende suavemente
por su cauce de cañas.
Eres elegante como una modelo
de pasarela, delicado, suave, coqueto
encandilas a los visitantes, le haces girar
la cabeza y perpetuarte en sus pupilas.
Tu glamour es superior a Montecarlo
o la Costa Azul;
eres limpio, fluido
amante de lo eterno y de lo efímero
un cascabel sonando en fiestas de plenilunio.
Hoy estás triste
tu dueña te ha dejado
se ha marchado en un bajel alado
a navegar por el océano del olvido
pero ni ella te olvida ni tú la has olvidado.