Lorenzo Díaz
Poeta recién llegado
Ya vivía feliz
Ya la había olvidado
Creía que el cruel destino
Mi existencia de largo había pasado
Pero no olvidó
A esa perra del demonio
Y cuando la encontró, la trajo
Como siempre, la dejó a mi lado
Cada vez que la mataba
Volvía a vivir su alma maldita
Y cuando la dejaba sola y desamparada
El cruel destino la encontraba, junto a mí la dejaba
Pero esta vez sí
Ya tenía el plan perfecto
Su cuerpo no tocaría con nada
Pero su alma la mataría con una espada
Y esa espada maldita
Que de un color oscuro brillaba
Yació sobre ella, en su pecho clavada
Mientras las sirenas venían por mí, y la mujer asesinada
He aquí yo en mi prisión
En la cárcel mi cuerpo abandonado
Pero puedo decir yo con toda satisfacción
Que su alma ya no vive, y la mía por fin dejó el enfado…
Ya la había olvidado
Creía que el cruel destino
Mi existencia de largo había pasado
Pero no olvidó
A esa perra del demonio
Y cuando la encontró, la trajo
Como siempre, la dejó a mi lado
Cada vez que la mataba
Volvía a vivir su alma maldita
Y cuando la dejaba sola y desamparada
El cruel destino la encontraba, junto a mí la dejaba
Pero esta vez sí
Ya tenía el plan perfecto
Su cuerpo no tocaría con nada
Pero su alma la mataría con una espada
Y esa espada maldita
Que de un color oscuro brillaba
Yació sobre ella, en su pecho clavada
Mientras las sirenas venían por mí, y la mujer asesinada
He aquí yo en mi prisión
En la cárcel mi cuerpo abandonado
Pero puedo decir yo con toda satisfacción
Que su alma ya no vive, y la mía por fin dejó el enfado…