jorgeluis
Poeta fiel al portal
Con las cuerdas del amor
rasgueando el si-be-mol
de la nostalgia;
la esperanza mutilada
como un hada madrina
sin alas,
y, la ilusión derramada
entre mil palabras
de amor y caricias
de cuando estabas,
con las manos frías
cual la vida lesbiana,
sin trabajo fijo, sin dinero
con lianas,
con una mar de dudas
que no dejan de dudar,
rodeado de gente
pero en soledad.
Torpes zahories
de la tormenta,
como un animal
en la selva
del bien y del mal.
Hablando solo
estaré loco,
hablando contigo
lo estaré más.
Creyéndome algo más
de lo que era,
para aquellas que dejaron
su huella en mi ser,
al norte sin norte
de mi mapa de dolor,
cosido a dentelladas,
a zarpazos en el corazón.
Asaltándome
la voz de la experiencia
que me larga
entre trago y trago
de coñac,
no aprendes ni aprenderás
a coger al toro
por los cuernos
de la realidad.
Con cupido maldecido,
montándoselo en un portal conmigo,
perdida la cabeza
justo al lado
de un nido de pájaros
que no vuelan.
Testigo mudo de pendencias,
nada más cruzar la frontera
de la carretera de Montparnasse,
en la acera del penúltimo tren,
que no llega ni llegará.
Jugándomela la luna llena
burlándose de mi
cuando encuentra,
otros labios que besar.
Creyéndome algo más
de lo que era,
para aquellas que dejaron
su huella en mi ser,
al norte sin norte
de mi mapa de dolor,
cosido a dentelladas,
a zarpazos en el corazón.
rasgueando el si-be-mol
de la nostalgia;
la esperanza mutilada
como un hada madrina
sin alas,
y, la ilusión derramada
entre mil palabras
de amor y caricias
de cuando estabas,
con las manos frías
cual la vida lesbiana,
sin trabajo fijo, sin dinero
con lianas,
con una mar de dudas
que no dejan de dudar,
rodeado de gente
pero en soledad.
Torpes zahories
de la tormenta,
como un animal
en la selva
del bien y del mal.
Hablando solo
estaré loco,
hablando contigo
lo estaré más.
Creyéndome algo más
de lo que era,
para aquellas que dejaron
su huella en mi ser,
al norte sin norte
de mi mapa de dolor,
cosido a dentelladas,
a zarpazos en el corazón.
Asaltándome
la voz de la experiencia
que me larga
entre trago y trago
de coñac,
no aprendes ni aprenderás
a coger al toro
por los cuernos
de la realidad.
Con cupido maldecido,
montándoselo en un portal conmigo,
perdida la cabeza
justo al lado
de un nido de pájaros
que no vuelan.
Testigo mudo de pendencias,
nada más cruzar la frontera
de la carretera de Montparnasse,
en la acera del penúltimo tren,
que no llega ni llegará.
Jugándomela la luna llena
burlándose de mi
cuando encuentra,
otros labios que besar.
Creyéndome algo más
de lo que era,
para aquellas que dejaron
su huella en mi ser,
al norte sin norte
de mi mapa de dolor,
cosido a dentelladas,
a zarpazos en el corazón.