Mi cita con el banco

Ahí estás como todos los domingos esperándome. Me ves llegar con mi

paso cansado y la respiración agitada.

Pero no dices nada, solo sonríes bajo el sol otoñal. Ya sabes cual será mi

respuesta, diré que es la cuesta empinada en lugar de los años que duelen.

Mientras me voy acercando, me alegro de que estés allí , como siempre

puntual en tu espera aderezada de paciencia; con las hojas amarillas a tu

alrededor revoloteando como chiquillas inquietas.

Veo que tu traje verde, de tan raído se está descascarando, entonces te

digo que luces cansado y la nostalgia se posa tus ojos.

Susurrando digo gracias amigo y con cuidado me siento en tu falda.

Hoy como tantos ayeres de citas puntuales nos quedamos dormidos uno

junto al otro con el arrullo de las palomas.
 
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Ahí estás como todos los domingos esperándome. Me ves llegar con mi

paso cansado y la respiración agitada.

Pero no dices nada, solo sonríes bajo el sol otoñal. Ya sabes cual será mi

respuesta, diré que es la cuesta empinada en lugar de los años que duelen.

Mientras me voy acercando, me alegro de que estés allí , como siempre

puntual en tu espera aderezada de paciencia; con las hojas amarillas a tu

alrededor revoloteando como chiquillas inquietas.

Veo que tu traje verde, de tan raído se está descascarando, entonces te

digo que luces cansado y la nostalgia se posa tus ojos.

Susurrando digo gracias amigo y con cuidado me siento en tu falda.

Hoy como tantos ayeres de citas puntuales nos quedamos dormidos uno

junto al otro con el arrullo de las palomas.
Los viajes a lo cotidiano se vuelven extraordinarios cuando los cuenta una buena pluma. Tienen el encanto de lo conocido, que se vuelve algo nuevo cuando la mirada curiosa se detiene en cada instante, en cada espacio recorrido.
Una muy interesante narración, con una prosa sencilla y hermosa, que he disfrutado. Un cordial saludo.
 

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