AGASTOR
Poeta recién llegado
La luz de la mañana baja por el hombro de mi mujer,
un calido estrujo de cuerpos, comienzo a sentir y ver.
Memorizo ese hermoso ser que se aleja raudo de mí,
oigo las gotas de una ducha, yo sigo en blanco solo así.
Me abraza ese frío sutil y necio, pues comienzo a levantarme,
el me dice que estoy vivo y que no puedo allí quedarme.
Busco el canal del dia en la televisión de la ventana,
gatos y perros me apresuran y ya me exigen su paga.
Vierto amor y pasión, locuras y risas,
en una fuente de acero, y las revuelvo con sonrisas.
El desayuno para mi amada en unos platos de placer,
con un osculo sin falta justo antes de comer.
Me recita sus sueños, pesadillas, lo que sea,
mientras despedimos el hambre, una gata ronronea.
Siento el frio en mi cuello a la vez calor cercano,
esa taza de cafe desaparece en nuestras manos.
El día sigue y con dos lápices construimos algo hermoso,
trabajamos bajo un yugo para tiempos más dichosos.
Completamos nuestras obras mientras somos comediantes,
yo almaceno esos momentos en mi mente cada instante.
Nos visita una molesta discusión en nuestro hogar,
pero se despide pronto, solo le ofrecemos sal.
Cuándo el sol nos abandona encendemos la asadera,
carnes de distinto gusto, gin y dos sillas cualquiera.
Celebramos nuestro día, la fogata toca el cielo,
contemplamos las estrellas, nos besamos de nuevo.
Las caricias y las risas nos empujan a la cama,
el festejo ya se extiende desde el patio hasta la almohada.
Exhaustos de explorarnos, nos encontramos de frente,
observamos coincidencias aunque somos diferentes.
Se van las luces con los ruidos hasta que alguien lo exija,
no hay alarma en el reloj, y un desorden de cobija.
La fogata se a dormido, perros y gatos se apagaron,
ya no hay tiempo de ordenar, don silencio ya ha llegado.
Luego un beso y un abrazo que no juzgan mis defectos,
me susurran que por hoy se terminó mi día perfecto.
un calido estrujo de cuerpos, comienzo a sentir y ver.
Memorizo ese hermoso ser que se aleja raudo de mí,
oigo las gotas de una ducha, yo sigo en blanco solo así.
Me abraza ese frío sutil y necio, pues comienzo a levantarme,
el me dice que estoy vivo y que no puedo allí quedarme.
Busco el canal del dia en la televisión de la ventana,
gatos y perros me apresuran y ya me exigen su paga.
Vierto amor y pasión, locuras y risas,
en una fuente de acero, y las revuelvo con sonrisas.
El desayuno para mi amada en unos platos de placer,
con un osculo sin falta justo antes de comer.
Me recita sus sueños, pesadillas, lo que sea,
mientras despedimos el hambre, una gata ronronea.
Siento el frio en mi cuello a la vez calor cercano,
esa taza de cafe desaparece en nuestras manos.
El día sigue y con dos lápices construimos algo hermoso,
trabajamos bajo un yugo para tiempos más dichosos.
Completamos nuestras obras mientras somos comediantes,
yo almaceno esos momentos en mi mente cada instante.
Nos visita una molesta discusión en nuestro hogar,
pero se despide pronto, solo le ofrecemos sal.
Cuándo el sol nos abandona encendemos la asadera,
carnes de distinto gusto, gin y dos sillas cualquiera.
Celebramos nuestro día, la fogata toca el cielo,
contemplamos las estrellas, nos besamos de nuevo.
Las caricias y las risas nos empujan a la cama,
el festejo ya se extiende desde el patio hasta la almohada.
Exhaustos de explorarnos, nos encontramos de frente,
observamos coincidencias aunque somos diferentes.
Se van las luces con los ruidos hasta que alguien lo exija,
no hay alarma en el reloj, y un desorden de cobija.
La fogata se a dormido, perros y gatos se apagaron,
ya no hay tiempo de ordenar, don silencio ya ha llegado.
Luego un beso y un abrazo que no juzgan mis defectos,
me susurran que por hoy se terminó mi día perfecto.