carlos_cisneros
Poeta asiduo al portal
Soy el viento
¡Qué humana y tierna era la mañana, para esos ojos infantiles!
En casa, comenzaban temprano las labores del hogar.
Mi padre se levantaba al rayar el alba
Siempre quise despedirlo, pero no podía despertarme sino hasta las siete de la mañana Cuando era día domingo, mi madre me alistaba con prontitud, casi somnoliento como a las seis, para poder ir a la misa que se realizaba en el comedor del colegio Mis hermanos, muy a su pesar, se agazapaban entre sus camas cuyos catres sonaban como las hamacas al moverse. Al final, era el único que le acompaña.
Al retorno, comprábamos el pan y las cajitas de te, para el desayuno
En el coral, mi padre tenía una carpintería, donde aprovechando las maderas de empaques, aquellos desechados por su uso, podía hacer un sinnúmero de muebles para todos nosotros.
Me gustaba verlo trabajar con denuedo, sin ninguna queja ni complicación
En un descuido, dicen que me senté en un banquito que estaba bañado con asido muriático, y es por ello que tengo unas marcas en mis glúteos.
En realidad no recordaba eso hasta hoy
Tenía juguetes de madera, que me gustaban mucho Cada retaso bien pulido podía ser un carrito, una silla, o cualquier cosa que mi imaginación deseará.
A esa edad yo era su ayudante predilecto
Mi padre partía siempre al despuntar el alba
Siempre quise despedirme de él
Soy el viento
¡Qué humana y tierna era la mañana, para esos ojos infantiles!
En casa, comenzaban temprano las labores del hogar.
Mi padre se levantaba al rayar el alba
Siempre quise despedirlo, pero no podía despertarme sino hasta las siete de la mañana Cuando era día domingo, mi madre me alistaba con prontitud, casi somnoliento como a las seis, para poder ir a la misa que se realizaba en el comedor del colegio Mis hermanos, muy a su pesar, se agazapaban entre sus camas cuyos catres sonaban como las hamacas al moverse. Al final, era el único que le acompaña.
Al retorno, comprábamos el pan y las cajitas de te, para el desayuno
En el coral, mi padre tenía una carpintería, donde aprovechando las maderas de empaques, aquellos desechados por su uso, podía hacer un sinnúmero de muebles para todos nosotros.
Me gustaba verlo trabajar con denuedo, sin ninguna queja ni complicación
En un descuido, dicen que me senté en un banquito que estaba bañado con asido muriático, y es por ello que tengo unas marcas en mis glúteos.
En realidad no recordaba eso hasta hoy
Tenía juguetes de madera, que me gustaban mucho Cada retaso bien pulido podía ser un carrito, una silla, o cualquier cosa que mi imaginación deseará.
A esa edad yo era su ayudante predilecto
Mi padre partía siempre al despuntar el alba
Siempre quise despedirme de él
Soy el viento