Mi niña se Casa.

Recaredo

Poeta fiel al portal
¡Mi niña se casa! Cuánto no daría por ser hoy poeta...!
Y cantar un himno que llegase al cielo,
como aquel que cantan las Musas inquietas,
cuando sale Apolo de entre los luceros.

Que el amor de un padre expresara en sus notas,
y a cuyos acordes temblara el azahar
que lleva mi niña camino del templo,
donde el mozo espera, firme ante el altar.

¡Cómo pasa el tiempo...! Mi niña se casa.
Y yo, entre cuitado y a la vez contento,
observo el vacío que deja en mi casa,
y revuelvo el pozo de mis sentimientos.

¡Cómo pasa el tiempo...! ¡Mi niña se casa!

Aquella muñeca que colmó mi dicha,
cuando de sus labios escuché "pa-pá"
aquel angelito que llenó mi vida
y alumbró el abismo de mi soledad,
aquel pedacito de gloria bendita
que yo consideraba de mi propiedad...
hoy, de mí se aleja, como es ley de vida,
en pos de otros brazos, otra dicha, otro hogar.

Asida a mi brazo camina serena.
Majestad de lirio, talle de azucena.
Aquella pecosa que arrullé en la cuna,
hoy, mujer hermosa es como ninguna.

Todas las vecinas están en sus puertas,
y en las casaderas, la envidia despierta,
como en mí, el orgullo, mi niña contenta.

Su madre nos mira llorando de gozo;
subimos al auto, que espera en reposo,
y los tres partimos en busca del mozo.

Se escucha el "Sí, Quiero" dentro de la Iglesia;
yo, viendo a mi niña radiante y contenta,
y ver de su esposo la sana alegría
con que estampa un beso en sus labios de fresa,
pienso, (si fuese poeta... ¡Qué no le diría...!

Un epitalamio; si fuese poeta,
le haría yo a mi niña con dulces cadencias.
Con versos y estrofas de espumas marinas,
y silbos de viento que engarcen sus rimas.

Un epitalamio; si fuese poeta,
le haría yo a mi niña con rosas de Persia.
Un tálamo blanco de plumas mullido
yo haría que a mi niña le diese Cupido.

Y, a la propia Venus, sembrar de violetas
su lecho nupcial le haría ¡Si fuese poeta!)



Recaredo.
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¡Mi niña se casa! Cuánto no daría por ser hoy poeta...!
Y cantar un himno que llegase al cielo,
como aquel que cantan las Musas inquietas,
cuando sale Apolo de entre los luceros.

Que el amor de un padre expresara en sus notas,
y a cuyos acordes temblara el azahar
que lleva mi niña camino del templo,
donde el mozo espera, firme ante el altar.

¡Cómo pasa el tiempo...! Mi niña se casa.
Y yo, entre cuitado y a la vez contento,
observo el vacío que deja en mi casa,
y revuelvo el pozo de mis sentimientos.

¡Cómo pasa el tiempo...! ¡Mi niña se casa!

Aquella muñeca que colmó mi dicha,
cuando de sus labios escuché "pa-pá"
aquel angelito que llenó mi vida
y alumbró el abismo de mi soledad,
aquel pedacito de gloria bendita
que yo consideraba de mi propiedad...
hoy, de mí se aleja, como es ley de vida,
en pos de otros brazos, otra dicha, otro hogar.

Asida a mi brazo camina serena.
Majestad de lirio, talle de azucena.
Aquella pecosa que arrullé en la cuna,
hoy, mujer hermosa es como ninguna.

Todas las vecinas están en sus puertas,
y en las casaderas, la envidia despierta,
como en mí, el orgullo, mi niña contenta.

Su madre nos mira llorando de gozo;
subimos al auto, que espera en reposo,
y los tres partimos en busca del mozo.

Se escucha el "Sí, Quiero" dentro de la Iglesia;
yo, viendo a mi niña radiante y contenta,
y ver de su esposo la sana alegría
con que estampa un beso en sus labios de fresa,
pienso, (si fuese poeta... ¡Qué no le diría...!

Un epitalamio; si fuese poeta,
le haría yo a mi niña con dulces cadencias.
Con versos y estrofas de espumas marinas,
y silbos de viento que engarcen sus rimas.

Un epitalamio; si fuese poeta,
le haría yo a mi niña con rosas de Persia.
Un tálamo blanco de plumas mullido
yo haría que a mi niña le diese Cupido.

Y, a la propia Venus, sembrar de violetas
su lecho nupcial le haría ¡Si fuese poeta!)



Recaredo.
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Muy hermoso y sentido poema a tu niña de siempre. Me lleno de una emocion especial al contemplar esta bella estampa poetica desde la perspectiva del padre. Un placer enorme leerte, y felicidades, Recaredo!
Roxane
 
¡Mi niña se casa! Cuánto no daría por ser hoy poeta...!
Y cantar un himno que llegase al cielo,
como aquel que cantan las Musas inquietas,
cuando sale Apolo de entre los luceros.

Que el amor de un padre expresara en sus notas,
y a cuyos acordes temblara el azahar
que lleva mi niña camino del templo,
donde el mozo espera, firme ante el altar.

¡Cómo pasa el tiempo...! Mi niña se casa.
Y yo, entre cuitado y a la vez contento,
observo el vacío que deja en mi casa,
y revuelvo el pozo de mis sentimientos.

¡Cómo pasa el tiempo...! ¡Mi niña se casa!

Aquella muñeca que colmó mi dicha,
cuando de sus labios escuché "pa-pá"
aquel angelito que llenó mi vida
y alumbró el abismo de mi soledad,
aquel pedacito de gloria bendita
que yo consideraba de mi propiedad...
hoy, de mí se aleja, como es ley de vida,
en pos de otros brazos, otra dicha, otro hogar.

Asida a mi brazo camina serena.
Majestad de lirio, talle de azucena.
Aquella pecosa que arrullé en la cuna,
hoy, mujer hermosa es como ninguna.

Todas las vecinas están en sus puertas,
y en las casaderas, la envidia despierta,
como en mí, el orgullo, mi niña contenta.

Su madre nos mira llorando de gozo;
subimos al auto, que espera en reposo,
y los tres partimos en busca del mozo.

Se escucha el "Sí, Quiero" dentro de la Iglesia;
yo, viendo a mi niña radiante y contenta,
y ver de su esposo la sana alegría
con que estampa un beso en sus labios de fresa,
pienso, (si fuese poeta... ¡Qué no le diría...!

Un epitalamio; si fuese poeta,
le haría yo a mi niña con dulces cadencias.
Con versos y estrofas de espumas marinas,
y silbos de viento que engarcen sus rimas.

Un epitalamio; si fuese poeta,
le haría yo a mi niña con rosas de Persia.
Un tálamo blanco de plumas mullido
yo haría que a mi niña le diese Cupido.

Y, a la propia Venus, sembrar de violetas
su lecho nupcial le haría ¡Si fuese poeta!)


Recaredo.
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Un bello y muy emotivo poema para una hija que comienza a escribir otro capítulo, ahora fuera de casa. ¡ Y YO TENGOS DOS! ::::::::::::: Saludos y estrellas para ti.
 
Que bello poema dedicado a una hija , escrito con el alma como todo buen poeta , muy emotivo de verdad merecidas felicitaciones y ahi van mis estrellas.
 

Bellísimos versos dejaste para el deleite de la sensibilidad
y todo esto sin ser poeta, es la primera vez que te leo
y este tema pe ha parecido magnifico,
seguiré pasando por tus letras, me ha gustado.
Para el poema y tu niña dejo estrellas y a tu bello versar, reputación.
Abrazos grandes amigo y Feliz Navidad.
 
Muchas gracias, amiga Era, por pasar por mis letras y dejar tu siempre elogioso comentario. Perdona que no te halla respondido antes. Te mando un abrazo. Recaredo
 
Muchas gracias, "Sergio Amigo" por pasar, por mis letras y dejar tu comentario. Perdona mi tardanza en responder. Te mando un abrazo Recaredo
 
Muchas gracias, "Princesa de Fuego" por pasar por mis letras y dejar tu comentario. Perdona mi tardanza en responder. Te mando un abrazo Recaredo
 
Muchas gracias, "Lola" por pasar por mis letras y dejar tu elogioso comentario. Perdona mi tardanza en responder; me ha sido imposible. Te mando un abrazo. Recaredo.
 
¡Mi niña se casa! Cuánto no daría por ser hoy poeta...!
Y cantar un himno que llegase al cielo,
como aquel que cantan las Musas inquietas,
cuando sale Apolo de entre los luceros.

Que el amor de un padre expresara en sus notas,
y a cuyos acordes temblara el azahar
que lleva mi niña camino del templo,
donde el mozo espera, firme ante el altar.

¡Cómo pasa el tiempo...! Mi niña se casa.
Y yo, entre cuitado y a la vez contento,
observo el vacío que deja en mi casa,
y revuelvo el pozo de mis sentimientos.

¡Cómo pasa el tiempo...! ¡Mi niña se casa!

Aquella muñeca que colmó mi dicha,
cuando de sus labios escuché "pa-pá"
aquel angelito que llenó mi vida
y alumbró el abismo de mi soledad,
aquel pedacito de gloria bendita
que yo consideraba de mi propiedad...
hoy, de mí se aleja, como es ley de vida,
en pos de otros brazos, otra dicha, otro hogar.

Asida a mi brazo camina serena.
Majestad de lirio, talle de azucena.
Aquella pecosa que arrullé en la cuna,
hoy, mujer hermosa es como ninguna.

Todas las vecinas están en sus puertas,
y en las casaderas, la envidia despierta,
como en mí, el orgullo, mi niña contenta.

Su madre nos mira llorando de gozo;
subimos al auto, que espera en reposo,
y los tres partimos en busca del mozo.

Se escucha el "Sí, Quiero" dentro de la Iglesia;
yo, viendo a mi niña radiante y contenta,
y ver de su esposo la sana alegría
con que estampa un beso en sus labios de fresa,
pienso, (si fuese poeta... ¡Qué no le diría...!

Un epitalamio; si fuese poeta,
le haría yo a mi niña con dulces cadencias.
Con versos y estrofas de espumas marinas,
y silbos de viento que engarcen sus rimas.

Un epitalamio; si fuese poeta,
le haría yo a mi niña con rosas de Persia.
Un tálamo blanco de plumas mullido
yo haría que a mi niña le diese Cupido.

Y, a la propia Venus, sembrar de violetas
su lecho nupcial le haría ¡Si fuese poeta!)


Recaredo.
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eres poeta amigo ymuy bueno no dudes en darle este poema a tu hija.estrellas para ti
 

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