La sombra se vuelve más larga en enero, en estos meses próximos al solsticio de invierno, la oblicuidad del sol alarga en el asfalto y en los caminos la tenue y alargada silueta de nosotros mismos. Es enigmática esta parte
Miles de auroras
revistieron malsanas
todo el ensueño
que mi arcángel no ampara.
Los sueños adquieren inmanencia por decirlo de algún modo al no desaparecer y mantenerse al pie de nuestras escombreras, de donde no podemos limpiarlos. Esos ensueños terminan por ser digeridos con pesar, con ardor, con vehemencia también, pero el paladeo de tales utopías a veces nos vacía, otras nos puede liberar. Pero nos deja indefensos, ¿cuándo los sueños podrán vivirse como realidad? Miles de auroras y despertares ensucian nuestra almohada con el recuerdo tangible de lo imposible, de los sueños perdidos en la distancia de la vigilia, en el camino creciente tras el parpadeo a la mañana y a su luz renovadora. No hay ángel o arcángel que pueda envolver en papeles de regalo lo que no nos pertenece. Algo así percibo, pero no estoy muy sano , jajajaja, el fin de año me regaló una botellita de champán, abrazos