1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

    !!!Te va a encantar, no te la pierdas!!!

    Cerrar notificación

Mi tiempo y el tuyo

Tema en 'Prosa: Melancólicos' comenzado por Jose Anibal Ortiz Lozada, 11 de Marzo de 2026 a las 9:07 AM. Respuestas: 0 | Visitas: 10

  1. Jose Anibal Ortiz Lozada

    Jose Anibal Ortiz Lozada Poeta adicto al portal

    Se incorporó:
    6 de Mayo de 2024
    Mensajes:
    1.360
    Me gusta recibidos:
    1.755
    Género:
    Hombre
    A veces pienso que tu tiempo y el mío no avanzan en la misma dirección.

    No lo digo por esas cosas evidentes —los relojes, los calendarios, los lunes que siempre llegan demasiado temprano—. Hablo de otra cosa. De ese instante en que te miro y tengo la sensación de que ya estuvimos aquí antes, sentados frente a la misma taza de café que se enfría lentamente mientras tú dices algo sobre el clima o sobre una calle que ya no recuerdas.

    Mi tiempo se queda ahí.

    El tuyo sigue caminando.

    Es curioso. Cuando hablas, las palabras parecen avanzar con la naturalidad de quien cruza una plaza al atardecer. Pero mientras te escucho ocurre algo raro: una parte de mí se queda suspendida en el momento exacto en que levantaste la mirada.

    No te lo digo.

    Sería difícil explicar que en ese segundo tuyo —tan breve, tan ordinario— mi tiempo decidió detenerse como un ascensor entre dos pisos.

    Entonces todo ocurre de otra manera.

    Tú bebes café.
    Yo escucho el ruido de una tarde que todavía no ha llegado.

    Tú sonríes por algo que dije hace un momento.
    Yo tengo la sospecha de que esa sonrisa ya la vi mañana.

    Quizá sea por eso que a veces te miro con esa atención un poco absurda, como si estuviera tratando de recordar algo que aún no ha sucedido.

    Porque tu tiempo hace cosas extrañas.

    Por ejemplo: se adelanta.

    Hay momentos en que tus manos ya saben lo que vas a decir antes de que lo digas. Otras veces tu silencio llega unos segundos antes que tu tristeza.

    Mi tiempo, en cambio, es más torpe. Llega tarde a casi todo.

    A los recuerdos.
    A las despedidas.
    Incluso a este instante en que estamos sentados frente a frente y la tarde comienza a doblarse lentamente sobre la mesa.

    Tal vez por eso nunca coincidimos del todo.

    Tu tiempo vive un poco más adelante.

    El mío se queda observando.

    Y sin embargo, hay momentos —muy breves, casi invisibles— en que algo ocurre.

    El reloj deja de hacer ruido.
    La luz de la ventana se queda quieta.
    La cucharita dentro de tu taza deja de girar.

    Entonces tu tiempo y el mío se miran por un segundo.

    No se reconocen del todo, pero tampoco se contradicen.

    Solo permanecen allí, como dos viajeros que se encuentran en una estación desconocida.

    Después todo vuelve a moverse.

    Tú dices algo que no alcanzo a oír.

    Yo asiento, como si hubiera entendido.

    Y mientras la tarde sigue pasando, me pregunto —sin atreverme a decirlo en voz alta— si alguna vez, en algún lugar que todavía no existe, tu tiempo y el mío aprenderán finalmente a llegar juntos.
     
    #1

Comparte esta página