MI VIDA DE HOY.
Tu y yo, sentados a la mesa,
compartiendo en silencio nuestros alimentos,
preparándonos para seguir con la rutina diaria,
preocupados por los hijos lejanos y de sus quehaceres,
esperando que transcurra el día, para que la noche
nos cubra con su manto fresco,
y nos lleve dormir, y a soñar que estamos vivos,
que aun somos jóvenes dispuestos a disfrutarnos,
en la entrega que hoy ya es solo otra parte del sueño,
otras veces, del recuerdo por lo que ya pasamos,
de lo que nos hicimos sin querer lastimarnos,
de lo que nos dijimos para consolarnos,
para poder seguir en el mismo sendero, sin descubrirlo todo,
tan repentinamente, pues mejor es hacerlo lentamente,
porque ni nos asusta, ni nos causa temor,
pues llega tan despacio, como dejado al tiempo,
donde empiezan por esconderse los recuerdos
hasta volverse nada, allí, donde empezamos a perdernos
a nosotros mismos, para ocultarnos de la vida,
que igual empieza un día, que otro termina,
dejando levemente inscritas las marcas que hicimos en la arena,
de nuestras propias vidas,
huellas que sin desearlo las va borrando el viento,
mientras tú sigues hablándome en silencio,
y yo, escribo este verso.
Les saludo. J Lezama
Tu y yo, sentados a la mesa,
compartiendo en silencio nuestros alimentos,
preparándonos para seguir con la rutina diaria,
preocupados por los hijos lejanos y de sus quehaceres,
esperando que transcurra el día, para que la noche
nos cubra con su manto fresco,
y nos lleve dormir, y a soñar que estamos vivos,
que aun somos jóvenes dispuestos a disfrutarnos,
en la entrega que hoy ya es solo otra parte del sueño,
otras veces, del recuerdo por lo que ya pasamos,
de lo que nos hicimos sin querer lastimarnos,
de lo que nos dijimos para consolarnos,
para poder seguir en el mismo sendero, sin descubrirlo todo,
tan repentinamente, pues mejor es hacerlo lentamente,
porque ni nos asusta, ni nos causa temor,
pues llega tan despacio, como dejado al tiempo,
donde empiezan por esconderse los recuerdos
hasta volverse nada, allí, donde empezamos a perdernos
a nosotros mismos, para ocultarnos de la vida,
que igual empieza un día, que otro termina,
dejando levemente inscritas las marcas que hicimos en la arena,
de nuestras propias vidas,
huellas que sin desearlo las va borrando el viento,
mientras tú sigues hablándome en silencio,
y yo, escribo este verso.
Les saludo. J Lezama
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