5:00 a.m.:
Faltan exactamente siete horas para verte y me siento excitada, miles de minúsculas arañas se pasean por mis venas haciéndome sentir un cosquilleo constante e irrefrenable que no me permite dormir.
El reloj de la iglesia me saluda en estos momentos, lo hace cada media hora anegando mi habitación con su cántico monótono y metálico, patético, como si las horas fuesen pésimas bailarinas de claqué, ensayando la danza de los años con zapatos de hojalata.
Me levanto varias veces durante la noche con la urgente necesidad de calmar una sed casi brutal que se apodera de mi boca y viste de arena caliente la saliva espesa que intento licuar a base de cocas lights y vasos de agua helada, magníficos consoladores efímeros de mi avolcanada garganta.
Suena Claro de luna en el CD por decimosexta vez, y mientras juego con el humo del último inquilino de mi caja de Marlboro a trazar redondelitos en el aire viciado de esta noche, en la que aún faltan siete horas para verte.
Intento imaginar tu rostro, aprieto los ojos fuerte fuerte pero tu imagen se desdibuja y no logro divisar con claridad tus facciones de niño grande y es solamente tu sonrisa la que se queda aleteando en la retina de mis pensamientos mostrándome una boca de dientes perlados que juega al escondite con unos labios rojos, brillantes, dulcísimos, y los quiero besar, pero aún faltan siete horas
12:00 horas:
Te observo la sonrisa gastada, rota, los gestos nerviosos, los dedos largos jugando a desnudar una botella de cerveza vestida de oropeles. El rostro lívido salpicado de lunares que lo hacen parecer
si cabe, aún más pálido. Observo tu boca y mis ojos se pasean por tus labios quizá tratando de recordar el sabor de tus besos.
.... y tu sonrisa, Dios mío tu sonrisa envolvente, mágica, generosa, adoro tu sonrisa.
Me detengo en unos ojos esquivos otrora el maná de mi existencia y hoy una mezcla de vergüenza, frialdad y desafío (diríase un híbrido) abogando por escapar de mi mirada.
Te observo mientras hablas y dices que deseas estar solo, que no sabes lo que quieres, que me amas pero estás confuso.
Te observo mientras de tu boca brotan palabras inútiles, mientras tratas de hacerme comprender que todo ha terminado, como si yo te hubiese pedido que me hicieras comprender
Te observo mientras te tachas a ti mismo de hijo de puta.
Observo tus numerosos lo siento, tus manos nerviosas.
Te observo mientras te diriges al baño a enjugar esas lágrimas de supuesto pesar y mientras te observo te me antojas elato en tu trono de poder y yo, el vasallo arrojado a tus pies implorando las migajas de amor que me has dado y ya no me darás nunca más y me siento miserable.
Te observo mientras tratas de consolarme y no quiero que lo hagas, yo no te lo he pedido.
Te observo con tu alegato continuo: no me odies, quiero que seas mi amiga pase lo que pase, ¿AMIGA?, ahora sólo soy amiga del dolor, la sangre se me agolpa en las sienes, la siento corretear por mi cabeza dándome besitos de dolor y de impotencia y tiemblo. ¡No hables! por favor Para, ya está bien de daño.
Estoy mareada. Tú voz paréceme un eco lejano que retumba en mis sentidos, por favor no me rompas más porque no tengo a nadie para recoger mis pedacitos. ¿No te das cuenta? ¿No lo ves?, ¿No ves que creía en ti?, en tus promesas, en tus amorosas promesas.
Pídeme ángel mío, pídeme que yo te daré, pídeme que no llore, que no sufra, pídeme que no muera de dolor, que no reviente de dolor, pero no me pidas que te dé tiempo, no me digas que necesitas tiempo, no me hagas caer en la trampa de la esperanza, de la maldita esperanza. No quiero ser una sombra pegada al teléfono, prefiero ser sombra libre de ilusiones. No puedo esperarte mientras decides si o no, porque sería un suicidio de mis horas, no puedo hipotecar mi tiempo, ni mi salud en pos de un amor que sólo me ha ofertado dolor. No puedo seguir ahogándome en tu mar, no quiero asomarme al abismo de tus dudas.
Y desde mi silla de decepción te veo, henchido, implacable, lacerando mis sentimientos, pisoteándo un corazón con el precinto de garantía aun intacto. Mi tesoro más preciado, MI CORAZÓN, y hoy me lo devuelves roto, me lo entregas sangrante, confuso, en el mismo envoltorio, sólo que el corazón que va dentro ya no es el mismo que partió palpitante de ilusión hacia el espejismo de tu amor, ahora es otro, el del dolor.
.... y le hablo, y le digo que sea fuerte, que reaccione, pero él no me escucha, sólo llora en silencio, como los valientes, pero su llanto Dios, su llanto es hiel, su llanto es luto, es miseria. Mi inconsolable corazón está maltrecho y no me deja ayudarlo, y yo, yo no quiero ver así a mi corazón, ¡Déjame salvarte corazón mío! ¡Déjame calmar tus heridas con el bálsamo del olvido!, ¡Déjame mimarte!, decirte quién eres, que eres maravilloso y te vas a curar, que tus heridas no son de muerte, son simples heridas de guerra producidas por las mentiras de quien no te quiso, pero se curarán...., Volverás a latir y tus tristes lamentos se tornarán odas de vida y no letanías de muerte.
No corazón, no te rindas, ahora no, aún no es tiempo. Escúchame, no puedes ser un corazón mutilado, mi pobre y sordo corazón, has perdido todo vestigio de cordura y me lates en el pecho cansina, desesperadamente, tratando de sofocar tu llanto ronco, oscuro, y con cada latido te oigo gemir, te siento encogerte y estirarte con un bum bum amargo.
Ora lloras, ora rezas, ora mueres un poquito.
Duerme corazón mío quizás Morfeo te ayude a escapar de tu dolor, aunque sólo sea por unas horas.
karenin Callero
Faltan exactamente siete horas para verte y me siento excitada, miles de minúsculas arañas se pasean por mis venas haciéndome sentir un cosquilleo constante e irrefrenable que no me permite dormir.
El reloj de la iglesia me saluda en estos momentos, lo hace cada media hora anegando mi habitación con su cántico monótono y metálico, patético, como si las horas fuesen pésimas bailarinas de claqué, ensayando la danza de los años con zapatos de hojalata.
Me levanto varias veces durante la noche con la urgente necesidad de calmar una sed casi brutal que se apodera de mi boca y viste de arena caliente la saliva espesa que intento licuar a base de cocas lights y vasos de agua helada, magníficos consoladores efímeros de mi avolcanada garganta.
Suena Claro de luna en el CD por decimosexta vez, y mientras juego con el humo del último inquilino de mi caja de Marlboro a trazar redondelitos en el aire viciado de esta noche, en la que aún faltan siete horas para verte.
Intento imaginar tu rostro, aprieto los ojos fuerte fuerte pero tu imagen se desdibuja y no logro divisar con claridad tus facciones de niño grande y es solamente tu sonrisa la que se queda aleteando en la retina de mis pensamientos mostrándome una boca de dientes perlados que juega al escondite con unos labios rojos, brillantes, dulcísimos, y los quiero besar, pero aún faltan siete horas
12:00 horas:
Te observo la sonrisa gastada, rota, los gestos nerviosos, los dedos largos jugando a desnudar una botella de cerveza vestida de oropeles. El rostro lívido salpicado de lunares que lo hacen parecer
si cabe, aún más pálido. Observo tu boca y mis ojos se pasean por tus labios quizá tratando de recordar el sabor de tus besos.
.... y tu sonrisa, Dios mío tu sonrisa envolvente, mágica, generosa, adoro tu sonrisa.
Me detengo en unos ojos esquivos otrora el maná de mi existencia y hoy una mezcla de vergüenza, frialdad y desafío (diríase un híbrido) abogando por escapar de mi mirada.
Te observo mientras hablas y dices que deseas estar solo, que no sabes lo que quieres, que me amas pero estás confuso.
Te observo mientras de tu boca brotan palabras inútiles, mientras tratas de hacerme comprender que todo ha terminado, como si yo te hubiese pedido que me hicieras comprender
Te observo mientras te tachas a ti mismo de hijo de puta.
Observo tus numerosos lo siento, tus manos nerviosas.
Te observo mientras te diriges al baño a enjugar esas lágrimas de supuesto pesar y mientras te observo te me antojas elato en tu trono de poder y yo, el vasallo arrojado a tus pies implorando las migajas de amor que me has dado y ya no me darás nunca más y me siento miserable.
Te observo mientras tratas de consolarme y no quiero que lo hagas, yo no te lo he pedido.
Te observo con tu alegato continuo: no me odies, quiero que seas mi amiga pase lo que pase, ¿AMIGA?, ahora sólo soy amiga del dolor, la sangre se me agolpa en las sienes, la siento corretear por mi cabeza dándome besitos de dolor y de impotencia y tiemblo. ¡No hables! por favor Para, ya está bien de daño.
Estoy mareada. Tú voz paréceme un eco lejano que retumba en mis sentidos, por favor no me rompas más porque no tengo a nadie para recoger mis pedacitos. ¿No te das cuenta? ¿No lo ves?, ¿No ves que creía en ti?, en tus promesas, en tus amorosas promesas.
Pídeme ángel mío, pídeme que yo te daré, pídeme que no llore, que no sufra, pídeme que no muera de dolor, que no reviente de dolor, pero no me pidas que te dé tiempo, no me digas que necesitas tiempo, no me hagas caer en la trampa de la esperanza, de la maldita esperanza. No quiero ser una sombra pegada al teléfono, prefiero ser sombra libre de ilusiones. No puedo esperarte mientras decides si o no, porque sería un suicidio de mis horas, no puedo hipotecar mi tiempo, ni mi salud en pos de un amor que sólo me ha ofertado dolor. No puedo seguir ahogándome en tu mar, no quiero asomarme al abismo de tus dudas.
Y desde mi silla de decepción te veo, henchido, implacable, lacerando mis sentimientos, pisoteándo un corazón con el precinto de garantía aun intacto. Mi tesoro más preciado, MI CORAZÓN, y hoy me lo devuelves roto, me lo entregas sangrante, confuso, en el mismo envoltorio, sólo que el corazón que va dentro ya no es el mismo que partió palpitante de ilusión hacia el espejismo de tu amor, ahora es otro, el del dolor.
.... y le hablo, y le digo que sea fuerte, que reaccione, pero él no me escucha, sólo llora en silencio, como los valientes, pero su llanto Dios, su llanto es hiel, su llanto es luto, es miseria. Mi inconsolable corazón está maltrecho y no me deja ayudarlo, y yo, yo no quiero ver así a mi corazón, ¡Déjame salvarte corazón mío! ¡Déjame calmar tus heridas con el bálsamo del olvido!, ¡Déjame mimarte!, decirte quién eres, que eres maravilloso y te vas a curar, que tus heridas no son de muerte, son simples heridas de guerra producidas por las mentiras de quien no te quiso, pero se curarán...., Volverás a latir y tus tristes lamentos se tornarán odas de vida y no letanías de muerte.
No corazón, no te rindas, ahora no, aún no es tiempo. Escúchame, no puedes ser un corazón mutilado, mi pobre y sordo corazón, has perdido todo vestigio de cordura y me lates en el pecho cansina, desesperadamente, tratando de sofocar tu llanto ronco, oscuro, y con cada latido te oigo gemir, te siento encogerte y estirarte con un bum bum amargo.
Ora lloras, ora rezas, ora mueres un poquito.
Duerme corazón mío quizás Morfeo te ayude a escapar de tu dolor, aunque sólo sea por unas horas.
karenin Callero
Última edición: