BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Donde la sangre se oculta
como un racimo de flores muertas
y se siembra en el almacén de cualquier
caserón, un vestigio de opulencia ridícula.
Entre aquellos miembros extinguidos
que emiten destellos de hemorragia
evitando su episodio de corazones derrumbados.
Y el sol, magnífica luz existente, fruta
de ámbar que bascula ferviente su madurez
recordatoria. Allí secuencias de óxido
derrotan alfileres de sangre en todas las estalactitas
y un cuerpo alberga silencios o mutismos
de vómito estelar. Allí sombreros y epidemias
no conservan frutos de líquidos terrestres.
Allí rosas reticulares comban los ecuestres
aditamentos de la luna, y fábricas de desidia
golpean los muslos con rostros y facciones
de desánimo. Su tétrica mirada derribada
junto al sol, omite el desierto y los vegetales
proclamados contra el cielo: mirad
cómo silentes figuras arrastran sus cadenas
hasta lograr el sueño de la anestesia.
©
como un racimo de flores muertas
y se siembra en el almacén de cualquier
caserón, un vestigio de opulencia ridícula.
Entre aquellos miembros extinguidos
que emiten destellos de hemorragia
evitando su episodio de corazones derrumbados.
Y el sol, magnífica luz existente, fruta
de ámbar que bascula ferviente su madurez
recordatoria. Allí secuencias de óxido
derrotan alfileres de sangre en todas las estalactitas
y un cuerpo alberga silencios o mutismos
de vómito estelar. Allí sombreros y epidemias
no conservan frutos de líquidos terrestres.
Allí rosas reticulares comban los ecuestres
aditamentos de la luna, y fábricas de desidia
golpean los muslos con rostros y facciones
de desánimo. Su tétrica mirada derribada
junto al sol, omite el desierto y los vegetales
proclamados contra el cielo: mirad
cómo silentes figuras arrastran sus cadenas
hasta lograr el sueño de la anestesia.
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