jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me desperté a media mañana
recordé que tenía que ir al banco
me puse en camino
era un bello día radiante
las vacas pastaban en el campo
una zorra perseguía a una liebre
llegué a orillas de un río
entré en sus aguas
la corriente me llevaba lentamente
amablemente
no hice ningún esfuerzo por escapar
a su atracción
más adelante había una nube
suspendida apenas sobre la superficie del río
dentro de la nube hacía frío
estaba oscuro
los murmullos se silenciaron
salí de la nube un poco después
el agua del río ya no estaba
tampoco el río
en su lugar estaba el éter
una materia difusa
flotaba envuelto por ella
como una mota de polvo
gravitando en un ámbito impreciso;
abajo de mí, a gran distancia
estaba la tierra
una pelota azul y verde
con rascacielos y ballenas
un globo luminoso y tridimensional
recortado sobre un fondo de tinieblas
tan nítidamente
que alargué un dedo para ver
si podía tocarlo
y hacer que girara más rápido
la estuve contemplando un buen rato
luego conseguí localizar mi pueblo
vi mi casa
mis calzoncillos puestos a secar
en el tendedero del patio
la taza de café que me había tomado
hacía poco
en la mesa, junto al plato con galletas
y en la casa de junto
a la vecina, masturbándose en la sala
despatarrada sobre el sillón
siempre tan seria conmigo
dandoselas de mujer de su casa
torciendo el gesto cuando me veía llegar
algunas mañanas, temprano
borracho, de mis correrías
tenía un gran consolador junto a ella
marca "acme"
pero ella se trabajaba con los dedos
afanosamente
se me empezó a parar
allá arriba
en lo profundo del espacio interestelar
una solitaria erección humana
una sencilla señal de vida,
por estar
masturbándome
no vi llegar el meteorito
no generaba sonido alguno
una exhalación de materia incandescente
sólo me rozó tangencialmente
uno de los bordes del tunel de viento
que formaba al avanzar
debo haber perdido la conciencia
cuando abrí los ojos
estaba delante de la ventanilla
del banco, el tipo
del otro lado del mostrador
era yo
recordé que tenía que ir al banco
me puse en camino
era un bello día radiante
las vacas pastaban en el campo
una zorra perseguía a una liebre
llegué a orillas de un río
entré en sus aguas
la corriente me llevaba lentamente
amablemente
no hice ningún esfuerzo por escapar
a su atracción
más adelante había una nube
suspendida apenas sobre la superficie del río
dentro de la nube hacía frío
estaba oscuro
los murmullos se silenciaron
salí de la nube un poco después
el agua del río ya no estaba
tampoco el río
en su lugar estaba el éter
una materia difusa
flotaba envuelto por ella
como una mota de polvo
gravitando en un ámbito impreciso;
abajo de mí, a gran distancia
estaba la tierra
una pelota azul y verde
con rascacielos y ballenas
un globo luminoso y tridimensional
recortado sobre un fondo de tinieblas
tan nítidamente
que alargué un dedo para ver
si podía tocarlo
y hacer que girara más rápido
la estuve contemplando un buen rato
luego conseguí localizar mi pueblo
vi mi casa
mis calzoncillos puestos a secar
en el tendedero del patio
la taza de café que me había tomado
hacía poco
en la mesa, junto al plato con galletas
y en la casa de junto
a la vecina, masturbándose en la sala
despatarrada sobre el sillón
siempre tan seria conmigo
dandoselas de mujer de su casa
torciendo el gesto cuando me veía llegar
algunas mañanas, temprano
borracho, de mis correrías
tenía un gran consolador junto a ella
marca "acme"
pero ella se trabajaba con los dedos
afanosamente
se me empezó a parar
allá arriba
en lo profundo del espacio interestelar
una solitaria erección humana
una sencilla señal de vida,
por estar
masturbándome
no vi llegar el meteorito
no generaba sonido alguno
una exhalación de materia incandescente
sólo me rozó tangencialmente
uno de los bordes del tunel de viento
que formaba al avanzar
debo haber perdido la conciencia
cuando abrí los ojos
estaba delante de la ventanilla
del banco, el tipo
del otro lado del mostrador
era yo
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