De niebla lejana
de la montaña caída
por la mañana
está rodeado mi corazón hoy,
por eso auguro buen día de amor
y cantos de pajarillos
cuando la tarde caiga.
Mi silla estática frente a la peña
conmigo encima,
se recrea como yo
con toda la vida.
El pequeño árbol del jardín
se interpone brillante
ante mi mirada templada
de un día que despierta
atado a las horas lentas
de la esperanza.
Se paró la prisa
en este espacio sosegado
y de ruidos tan ajeno
al que normalmente padezco.
Cae otro telón
en este escenario tapando entera
la escena que anoche contemplaba
rodeada de bullicio
que de tan conocido, ignorado
y que cuando se ha ido
reconozco su huella en mi cerebro,
su falta en mis oídos,
y por eso
doblemente disfrutado.
Se me olvidó el libro entre mis manos
y se quedaron mis ojos
colgados de las nubes
que ahora se enganchan lentas
en las rocas de la peña.
Y pensé que el tiempo no existe
esta mañana.
de la montaña caída
por la mañana
está rodeado mi corazón hoy,
por eso auguro buen día de amor
y cantos de pajarillos
cuando la tarde caiga.
Mi silla estática frente a la peña
conmigo encima,
se recrea como yo
con toda la vida.
El pequeño árbol del jardín
se interpone brillante
ante mi mirada templada
de un día que despierta
atado a las horas lentas
de la esperanza.
Se paró la prisa
en este espacio sosegado
y de ruidos tan ajeno
al que normalmente padezco.
Cae otro telón
en este escenario tapando entera
la escena que anoche contemplaba
rodeada de bullicio
que de tan conocido, ignorado
y que cuando se ha ido
reconozco su huella en mi cerebro,
su falta en mis oídos,
y por eso
doblemente disfrutado.
Se me olvidó el libro entre mis manos
y se quedaron mis ojos
colgados de las nubes
que ahora se enganchan lentas
en las rocas de la peña.
Y pensé que el tiempo no existe
esta mañana.