Évano
Libre, sin dioses.
¿Dónde irán vestidos de valor?
¿No ven estrangulada su sangre?
No importa,
son labios de viento revolando hojarasca,
ecos transmitiendo lo que nunca conocieron,
esclavos azuzados por los forzudos del circo,
o enanos, también mentales,
proyectados por sombras chinescas del dólar.
Bajo la arena hay miles de ojos
que pisan los que marchan al mañana,
al inevitable morir,
también de sus hijos.
Hay demasiados en esta pesadilla
adivinando las reglas de un juego
creado por los oscuros de la Tierra.
Serán estatuas de sal
con ojos enterrados en arenas movedizas.
Sus cuerpos ciegos
seguirán vistiendo
trajes de valores ficticios;
y pisando los ojos enterrados
en la arena que desprende el egoísmo.
¿No ven estrangulada su sangre?
No importa,
son labios de viento revolando hojarasca,
ecos transmitiendo lo que nunca conocieron,
esclavos azuzados por los forzudos del circo,
o enanos, también mentales,
proyectados por sombras chinescas del dólar.
Bajo la arena hay miles de ojos
que pisan los que marchan al mañana,
al inevitable morir,
también de sus hijos.
Hay demasiados en esta pesadilla
adivinando las reglas de un juego
creado por los oscuros de la Tierra.
Serán estatuas de sal
con ojos enterrados en arenas movedizas.
Sus cuerpos ciegos
seguirán vistiendo
trajes de valores ficticios;
y pisando los ojos enterrados
en la arena que desprende el egoísmo.