danie
solo un pensamiento...
Tengo un grupo de esclavos dramaturgos que se encargar de escribir mis obras.
Admito que no todas las obras que crean son digeribles para el estomago literario, son muy pocas las que satisfacen los modestos gustos de una buena lectura, pero cuando mis esclavos realmente se esmeran salen un par de obras por las cuales me puedo sentir orgulloso de ellos. No niego que posiblemente las mejores obras surgieron por un trabajo en conjunto de ellos y mis añejos espectros, esos que se maceraron, dentro de las mazmorras de mi mente, alimentándose de los recuerdos, los sueños, y algún que otro verso suelto desvelando a las mismas noches enteras. Pero últimamente no hay trabajo que me conforme y así pueda yo decir: ¡esto es una joyita lista para pulir y publicar en mi diario íntimo que tanto insomnio me acarrea!
Soy exigente, lo sé, a veces demasiado para lo que ellos consideran por arte; y todavía más histérico me pongo cuando pienso que estuvieron 32 años para terminar una simple novela. Una sencilla novela que cualquier infante o primate hubiese podido redactar mejor y en menor tiempo.
Hoy leí los últimos capítulos de ella y me di cuenta que para lo único que sirve es para ser lanzada por el retrete. No puedo concebir que no terminen unas pocas hojas con algo apetecible, más sabiendo que no tienen objeciones frente a tanto material listo para la redacción por parte de mis últimas vivencias.
No tengo otra opción: los voy a dejar sin comer ni beber agua hasta que terminen como se merece mi novela o por lo menos hagan una pulcra obra nueva que satisfaga mi histeria.
Tal vez parezca que soy un poco severo, pero la firmeza y la rigidez es el único idioma que ellos entienden.
Admito que no todas las obras que crean son digeribles para el estomago literario, son muy pocas las que satisfacen los modestos gustos de una buena lectura, pero cuando mis esclavos realmente se esmeran salen un par de obras por las cuales me puedo sentir orgulloso de ellos. No niego que posiblemente las mejores obras surgieron por un trabajo en conjunto de ellos y mis añejos espectros, esos que se maceraron, dentro de las mazmorras de mi mente, alimentándose de los recuerdos, los sueños, y algún que otro verso suelto desvelando a las mismas noches enteras. Pero últimamente no hay trabajo que me conforme y así pueda yo decir: ¡esto es una joyita lista para pulir y publicar en mi diario íntimo que tanto insomnio me acarrea!
Soy exigente, lo sé, a veces demasiado para lo que ellos consideran por arte; y todavía más histérico me pongo cuando pienso que estuvieron 32 años para terminar una simple novela. Una sencilla novela que cualquier infante o primate hubiese podido redactar mejor y en menor tiempo.
Hoy leí los últimos capítulos de ella y me di cuenta que para lo único que sirve es para ser lanzada por el retrete. No puedo concebir que no terminen unas pocas hojas con algo apetecible, más sabiendo que no tienen objeciones frente a tanto material listo para la redacción por parte de mis últimas vivencias.
No tengo otra opción: los voy a dejar sin comer ni beber agua hasta que terminen como se merece mi novela o por lo menos hagan una pulcra obra nueva que satisfaga mi histeria.
Tal vez parezca que soy un poco severo, pero la firmeza y la rigidez es el único idioma que ellos entienden.