Vosotras, mis pequeñas fraternas cosas
tristes.
Carlos Bousoño
Que ángel sublimó
esa luz pequeña y mortecina,
esa melancolía apenas luminosa,
tal que el último latido
de un fuego que se apaga.
No aquel ángel terrible
cuya luz nos aniquila.
No el ángel oscuro
que habita en oscuro abismo.
Es una luz fuera de los tiempos.
La voz iluminada de las cosas cotidianas.
Ya no sois, pero queda vuestra luz
en mi recuerdo.
El seco pétalo de una rosa roja.
El reloj exangüe que latía
con la fuerza de mis años juveniles.
Aquellos desconocidos,
manchas apenas en un cartón descolorido.
Algún libro desvencijado.
Y mi vieja Biblia:
una auténtica Cipriano de Valera.
(Es propiedad de...
y el nombre de una una ciudad
y una fecha muy antiguas.)
Mis pequeñas, queridas,
fraternas cosas tristes.
Esa luz que ahora os habita,
esa luz última y melancólica
es mi pobre luz.
Porque yo, para vosotras
no soy más que otro objeto cotidiano,
también triste,
que, amorosamente,
delicadamente,
compartía vuestro silencio
y esa apenas luz en que vivíamos.
tristes.
Carlos Bousoño
Que ángel sublimó
esa luz pequeña y mortecina,
esa melancolía apenas luminosa,
tal que el último latido
de un fuego que se apaga.
No aquel ángel terrible
cuya luz nos aniquila.
No el ángel oscuro
que habita en oscuro abismo.
Es una luz fuera de los tiempos.
La voz iluminada de las cosas cotidianas.
Ya no sois, pero queda vuestra luz
en mi recuerdo.
El seco pétalo de una rosa roja.
El reloj exangüe que latía
con la fuerza de mis años juveniles.
Aquellos desconocidos,
manchas apenas en un cartón descolorido.
Algún libro desvencijado.
Y mi vieja Biblia:
una auténtica Cipriano de Valera.
(Es propiedad de...
y el nombre de una una ciudad
y una fecha muy antiguas.)
Mis pequeñas, queridas,
fraternas cosas tristes.
Esa luz que ahora os habita,
esa luz última y melancólica
es mi pobre luz.
Porque yo, para vosotras
no soy más que otro objeto cotidiano,
también triste,
que, amorosamente,
delicadamente,
compartía vuestro silencio
y esa apenas luz en que vivíamos.