Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Te menguaron los ojos, te creció la mirada.
El monte todo se te hizo cielo del color de un grito.
En la altura, los sicarios te esperaron
para silenciar al bosque resguardado
por la pertinaz rebeldía de tu palabra.
Tu corazón que creció con un árbol
de pronto se sintió sin tus ramas,
la savia toda se te incendió de pájaros
en un canto de metrallas escaldadas.
El pertrecho de tu voz no alcanzó a salvar al hijo,
sus sangres paralelas compartieron las balas
que les emparentó la muerte en una misma nada.
Cundieron los ayes en los blancos edificios,
las rasgaduras de togas que no sangran,
el Soma aquiescente del olvido colectivo,
la ignominia.
Ya vuelves a tus cerros de ayer, Juventina,
a ser la puerta del aire y el camino
de quien no malbarata la vida
por el humo artificial de un paraíso.
El monte todo se te hizo cielo del color de un grito.
En la altura, los sicarios te esperaron
para silenciar al bosque resguardado
por la pertinaz rebeldía de tu palabra.
Tu corazón que creció con un árbol
de pronto se sintió sin tus ramas,
la savia toda se te incendió de pájaros
en un canto de metrallas escaldadas.
El pertrecho de tu voz no alcanzó a salvar al hijo,
sus sangres paralelas compartieron las balas
que les emparentó la muerte en una misma nada.
Cundieron los ayes en los blancos edificios,
las rasgaduras de togas que no sangran,
el Soma aquiescente del olvido colectivo,
la ignominia.
Ya vuelves a tus cerros de ayer, Juventina,
a ser la puerta del aire y el camino
de quien no malbarata la vida
por el humo artificial de un paraíso.
2 de diciembre de 2012