MÍTICA FANTASÍA DE UN ALMA.
Abre las vidrieras del alma
colores fuertes que piden su sitio,
reflejos en los suelos de los sueños
que no arrebate el impás de un sentido
para buscar como tapar una herida,
que se secó por falta de sangre.
Mística elocuencia de un guerrero
que sin terminar el combate
murió entre letras y hojas sin numerar,
antes que se ciegue la ilusión
y se muera la elegía que el compás
de un concierto de árboles sin violines
derrame una gota de musicalidad
sin forzar a la lágrima que no sabe dónde va.
Errante en el sendero del pretérito
pasos sin paralelismo, perdidos pies
anochecer cuando el sol deslumbra los ojos
dejar al antojo del viento
el rumbo de sentir sin aliento.
Esfuerzo baldío en la cueva del tiempo
no hay pincel ni cromañon que pinte paredes,
soledades cóncavas que se empujan
taponando el curso de las venas,
ya no hacen ríos, ni lagos dónde lavarse
se secan, perdidos, en los ojos sin pupilas.
Incógnita que se crucifica en el corazón
se dobló el destino bajo el martillo ignorante,
analfabeto el paisaje que no supo su nombre
marcando límites donde sólo reinan horizontes.
Se despojó el cuerpo de su vestido
desnudez que circunda a la sombra,
el cielo que es sombrero de la cabeza
se hizo velo para asistir a un entierro anónimo.
Abre las vidrieras del alma
colores fuertes que piden su sitio,
reflejos en los suelos de los sueños
que no arrebate el impás de un sentido
para buscar como tapar una herida,
que se secó por falta de sangre.
Mística elocuencia de un guerrero
que sin terminar el combate
murió entre letras y hojas sin numerar,
antes que se ciegue la ilusión
y se muera la elegía que el compás
de un concierto de árboles sin violines
derrame una gota de musicalidad
sin forzar a la lágrima que no sabe dónde va.
Errante en el sendero del pretérito
pasos sin paralelismo, perdidos pies
anochecer cuando el sol deslumbra los ojos
dejar al antojo del viento
el rumbo de sentir sin aliento.
Esfuerzo baldío en la cueva del tiempo
no hay pincel ni cromañon que pinte paredes,
soledades cóncavas que se empujan
taponando el curso de las venas,
ya no hacen ríos, ni lagos dónde lavarse
se secan, perdidos, en los ojos sin pupilas.
Incógnita que se crucifica en el corazón
se dobló el destino bajo el martillo ignorante,
analfabeto el paisaje que no supo su nombre
marcando límites donde sólo reinan horizontes.
Se despojó el cuerpo de su vestido
desnudez que circunda a la sombra,
el cielo que es sombrero de la cabeza
se hizo velo para asistir a un entierro anónimo.