Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
La hiedra recorría los rincones,
ataviada de ruinas y pasiones.
El viento parecía otra persona,
otra que con el alma desentona.
No es sencillo arraigarse en tus creencias,
hablan llenas de fe, sin apariencias,
transmiten el orgullo indiscutible,
me reducen a un ser desapacible,
entre el feto y el polvo, estigmatiza
tu mirada, a los ojos de los ojos,
entre el primer cachete y la ceniza,
tu mirada jamás deja despojos.
Abarca el cuerpo, el alma, y el amor,
me hacen creer en Dios, sin resquemor,
en el ingenuo, iluso, o ignorante,
en que siempre he llevado la verdad por delante.
Incluso la que calla,
mi favorita, ella nunca falla.
ataviada de ruinas y pasiones.
El viento parecía otra persona,
otra que con el alma desentona.
No es sencillo arraigarse en tus creencias,
hablan llenas de fe, sin apariencias,
transmiten el orgullo indiscutible,
me reducen a un ser desapacible,
entre el feto y el polvo, estigmatiza
tu mirada, a los ojos de los ojos,
entre el primer cachete y la ceniza,
tu mirada jamás deja despojos.
Abarca el cuerpo, el alma, y el amor,
me hacen creer en Dios, sin resquemor,
en el ingenuo, iluso, o ignorante,
en que siempre he llevado la verdad por delante.
Incluso la que calla,
mi favorita, ella nunca falla.