Cesar Cabello Araya
Poeta recién llegado
Quisiera que no fueras tú, señora muerte
la que me tendrá en sus brazos un día,
quisiera que no existieras nunca
así de ti para siempre me olvidaría.
Eres abnegada dicha feliz innata
de muchos delirantes compañeros,
eres la desdicha cruel y amarga
de otros que a tu presencia tememos.
Recorres las calles vacías, frías
en invierno buscando tus víctimas,
cada día te haces más grande, más
fuerte quedándote con tu estigma.
Estás en el pensamiento delirante
de los que se sienten enfermos,
a muchos les ganas y mutilas
pero a otros los dejas casi enteros.
Eres aquel límite ingenuo
de lo conocido y lo por conocer,
te alimenta ese temor ajeno
a tu llegada en un amanecer.
Eres la muerte solitaria y temida
por algunas personas muy deseada,
eres aquel sueño eterno sinuoso
de la noche hasta la madrugada.
Vistes siempre de gris y cubres
de negro tus lugares visitados,
dejas el llanto abierto, la pena
y el recuerdo en el aire dispersado.
Más ahora no te temo muerte mía
asumo que me tendrás en tus brazos,
en un atardecer de algún día
de mi vida justo al romper mi ocaso.
Conoceré tu rostro suave, tus ojos
de frente, tus palabras muerte mía,
seguiré tus pasos, muy feliz
en silencios sin llantos, solo alegrías.
Veré como se cierra la puerta
de la vida de este personaje cansado,
no habrán más soledades inciertas
estaré contigo, y por fin acompañado.
la que me tendrá en sus brazos un día,
quisiera que no existieras nunca
así de ti para siempre me olvidaría.
Eres abnegada dicha feliz innata
de muchos delirantes compañeros,
eres la desdicha cruel y amarga
de otros que a tu presencia tememos.
Recorres las calles vacías, frías
en invierno buscando tus víctimas,
cada día te haces más grande, más
fuerte quedándote con tu estigma.
Estás en el pensamiento delirante
de los que se sienten enfermos,
a muchos les ganas y mutilas
pero a otros los dejas casi enteros.
Eres aquel límite ingenuo
de lo conocido y lo por conocer,
te alimenta ese temor ajeno
a tu llegada en un amanecer.
Eres la muerte solitaria y temida
por algunas personas muy deseada,
eres aquel sueño eterno sinuoso
de la noche hasta la madrugada.
Vistes siempre de gris y cubres
de negro tus lugares visitados,
dejas el llanto abierto, la pena
y el recuerdo en el aire dispersado.
Más ahora no te temo muerte mía
asumo que me tendrás en tus brazos,
en un atardecer de algún día
de mi vida justo al romper mi ocaso.
Conoceré tu rostro suave, tus ojos
de frente, tus palabras muerte mía,
seguiré tus pasos, muy feliz
en silencios sin llantos, solo alegrías.
Veré como se cierra la puerta
de la vida de este personaje cansado,
no habrán más soledades inciertas
estaré contigo, y por fin acompañado.