Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
El brillo del sol -¿o era el reflejo?- en sus párpados se abría paso hasta sus muslos.
En sus ingles podrían haber nacido perfectamente mil jardines... Pero ella era una flor.
Se levantó en un súbito momento, de ésos de los que quitan el aliento. El paisaje que la rodeaba pareció cobrar vida, pues era una mujer de una belleza muy "generosa".
Le gustaba la música dance y alguno que otro libro sobre naturaleza.
En otra época había soñado con ser... ¡ser! quizá... no lo había soñado... o éste era otro de sus recuerdos tan guardados como oro en paño, que no quiso llenarlo de lágrimas.
Había amado como solo puede amar una mujer, creyendo que el amor era para siempre.
Incluso a palos de ciego le habían deslucido la mirada.
Al caer la noche se arropó, y volvió a su tienda de campaña.
En sus ingles podrían haber nacido perfectamente mil jardines... Pero ella era una flor.
Se levantó en un súbito momento, de ésos de los que quitan el aliento. El paisaje que la rodeaba pareció cobrar vida, pues era una mujer de una belleza muy "generosa".
Le gustaba la música dance y alguno que otro libro sobre naturaleza.
En otra época había soñado con ser... ¡ser! quizá... no lo había soñado... o éste era otro de sus recuerdos tan guardados como oro en paño, que no quiso llenarlo de lágrimas.
Había amado como solo puede amar una mujer, creyendo que el amor era para siempre.
Incluso a palos de ciego le habían deslucido la mirada.
Al caer la noche se arropó, y volvió a su tienda de campaña.