Alejandro Leza
Poeta recién llegado
Cielo corrido,
matizado con el gris azulado,
que corona este planeta
de hierro forjado.
Suspiros sin alma,
conectados,
carentes del juicio
que solo es esclavo,
del ojo montado en la cumbre
que crece sobre dioses cansados.
Nada se mueve,
nada se piensa en el nicho divino
de un solo ser,
somos insectos,
soldados,
seres nacidos ya muertos,
sin tener la conciencia de lo que se es.
Una vieja colmena,
suspendida en un espacio callado,
y que tan solo es la sombra,
de un futuro que no pudo ser.
Destino sombrío,
podrido,
vertido en silicio y metal que derrite
las almas que son,
tan solo circuitos.
¡Mundo maldito!
Uno donde la carne es acero,
La voluntad solo fragmentos,
y la vida; solo un recuerdo.
matizado con el gris azulado,
que corona este planeta
de hierro forjado.
Suspiros sin alma,
conectados,
carentes del juicio
que solo es esclavo,
del ojo montado en la cumbre
que crece sobre dioses cansados.
Nada se mueve,
nada se piensa en el nicho divino
de un solo ser,
somos insectos,
soldados,
seres nacidos ya muertos,
sin tener la conciencia de lo que se es.
Una vieja colmena,
suspendida en un espacio callado,
y que tan solo es la sombra,
de un futuro que no pudo ser.
Destino sombrío,
podrido,
vertido en silicio y metal que derrite
las almas que son,
tan solo circuitos.
¡Mundo maldito!
Uno donde la carne es acero,
La voluntad solo fragmentos,
y la vida; solo un recuerdo.
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