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MÚsica En El Arbol...

Eduardo Morguenstern

Poeta que considera el portal su segunda casa
Música en el árbol...


Misteriosos silbidos subterráneos
desprenden sus raíces sumergidas
que sigilosamente penetran
las húmedas y santas vísceras
del vientre cálido y fecundo de la Tierra...

Como guantes delicados y sedosos
emiten un canto inaudible y nacarado
millones de bacterias y oscuros hongos
pútridos y microscópicos
ciñendo a cada pelo de raíz, embelesados.

Y el agua pura que absorben y que ceden
a las raicillas piliformes e invisibles
forma la savia que en límpidas corrientes
suben hacia el tronco en sutil ritmo
de inaudibles e inefables sínfonías,

y el árbol canta, enamorado de la vida
y el árbol crece por micrones cada día
aunque el lerdo ojo humano no lo vea,
y sus sordos sentidos del oído
tan magníficos conciertos no perciban.

Con las ramas y las hojas pone el viento
finas voces de sibilantes melodías
que al oído del poeta son rapsodias
a la gloria del Creador del Universo
entonadas con las fuerzas de la vida

y como broche de oro en el ensamble
natural de tan gentil polifonía
los zorzales cantan en coro majestuoso
de bajos, contraltos, tenores y sopranos
una inmortal versión de la Oda a la Alegría...

EDUARDO MORGUENSTERN
 
Música en el árbol...


Misteriosos silbidos subterráneos
desprenden sus raíces sumergidas
que sigilosamente penetran
las húmedas y santas vísceras
del vientre cálido y fecundo de la Tierra...

Como guantes delicados y sedosos
emiten un canto inaudible y nacarado
millones de bacterias y oscuros hongos
pútridos y microscópicos
ciñendo a cada pelo de raíz, embelesados.

Y el agua pura que absorben y que ceden
a las raicillas piliformes e invisibles
forma la savia que en límpidas corrientes
suben hacia el tronco en sutil ritmo
de inaudibles e inefables sínfonías,

y el árbol canta, enamorado de la vida
y el árbol crece por micrones cada día
aunque el lerdo ojo humano no lo vea,
y sus sordos sentidos del oído
tan magníficos conciertos no perciban.

Con las ramas y las hojas pone el viento
finas voces de sibilantes melodías
que al oído del poeta son rapsodias
a la gloria del Creador del Universo
entonadas con las fuerzas de la vida

y como broche de oro en el ensamble
natural de tan gentil polifonía
los zorzales cantan en coro majestuoso
de bajos, contraltos, tenores y sopranos
una inmortal versión de la Oda a la Alegría...

EDUARDO MORGUENSTERN



me has llevado a sentir todo lo que vos, sin necesidad de científicos artilugios...me quito el sombrero ante este poema que destila música, desde el átomo mismo de su ser...RRR
 
Eduardo, he disfrutado mucho este poema. y pensar que he gastado tanta guita en discos teniendo tantos árboles y pájaros en derredor. Felicitaciones.
Avelino
 
¡Me diste en la cajetilla Eduardo! y zas! me trajiste a Salvador Rueda a la cabeza, esa poesía cristalina y los oídos que perciben la vida que labra todo lo que existe. ¿Ya leíste a Salvador Rueda? el siempre canta a la vida, a la naturaleza. Me encanta tu verso perfumado, es en verdad admirable. Sos mi poeta de eucalipto, fresco y aromado. Un placer amigo.
Saludos :)
 
¡Me diste en la cajetilla Eduardo! y zas! me trajiste a Salvador Rueda a la cabeza, esa poesía cristalina y los oídos que perciben la vida que labra todo lo que existe. ¿Ya leíste a Salvador Rueda? el siempre canta a la vida, a la naturaleza. Me encanta tu verso perfumado, es en verdad admirable. Sos mi poeta de eucalipto, fresco y aromado. Un placer amigo.
Saludos :)

¡¡Muchas gracias mi querida Diana por la lectura y tus tan amables palabras!!
Prometo leer a Salvador Rueda, me encantan los poemas a la Creación, tan magnífica como es.
Con afecto enorme,
Eduardo.
 
Eduardo:
Qué maravilla. El árbol no sólo tiene la música de las aves y del viento, sino de mundos íntimos y subterráneos. Un árbol que a pesar de su inamovilidad, es partícipe, creo yo, de la música pitagórica, transformándola en el leve murmullo de sus hojas.
Mucho he disfrutado este gran poema. Felicidades por la sinfonía coral de los zorzales.

Saludos.
 
Eduardo:
Qué maravilla. El árbol no sólo tiene la música de las aves y del viento, sino de mundos íntimos y subterráneos. Un árbol que a pesar de su inamovilidad, es partícipe, creo yo, de la música pitagórica, transformándola en el leve murmullo de sus hojas.
Mucho he disfrutado este gran poema. Felicidades por la sinfonía coral de los zorzales.

Saludos.

¡¡Gracias mi querido amigo y colega del Collegium Pitagoricum Enrique Floriano!
Agradezco tu amena visita y amables palabras!
Eduardo.
 
Mi estimado Eduardo, hermoso paisaje de finas pinceladas y trazos, desde la raíz hasta la compa,, grandioso poema disfruto en esta triste noche sin luceros que anida la melancólica música en notas traídas por la brisa, ellos han puesto un poco de fantasía, colorido y alegría a mis nostalgias.

un gusto leerte mi amigo de siempre
 
Ligia Calderón Romero;1163288 dijo:
Mi estimado Eduardo, hermoso paisaje de finas pinceladas y trazos, desde la raíz hasta la compa,, grandioso poema disfruto en esta triste noche sin luceros que anida la melancólica música en notas traídas por la brisa, ellos han puesto un poco de fantasía, colorido y alegría a mis nostalgias.

un gusto leerte mi amigo de siempre

¡Querida Ligia! Que un brote nuevo aliente en tu alma en el nuevo día, que en la melancólica noche germina aunque no se sienta todavía, canta, canta a la vida, que tus raíces son profundas y copiosas, que tu copa abriga y alimenta.
Graicas por la visita y tan amables palabras.
Eduardo.
 
Música en el árbol...


Misteriosos silbidos subterráneos
desprenden sus raíces sumergidas
que sigilosamente penetran
las húmedas y santas vísceras
del vientre cálido y fecundo de la Tierra...

Como guantes delicados y sedosos
emiten un canto inaudible y nacarado
millones de bacterias y oscuros hongos
pútridos y microscópicos
ciñendo a cada pelo de raíz, embelesados.

Y el agua pura que absorben y que ceden
a las raicillas piliformes e invisibles
forma la savia que en límpidas corrientes
suben hacia el tronco en sutil ritmo
de inaudibles e inefables sínfonías,

y el árbol canta, enamorado de la vida
y el árbol crece por micrones cada día
aunque el lerdo ojo humano no lo vea,
y sus sordos sentidos del oído
tan magníficos conciertos no perciban.

Con las ramas y las hojas pone el viento
finas voces de sibilantes melodías
que al oído del poeta son rapsodias
a la gloria del Creador del Universo
entonadas con las fuerzas de la vida

y como broche de oro en el ensamble
natural de tan gentil polifonía
los zorzales cantan en coro majestuoso
de bajos, contraltos, tenores y sopranos
una inmortal versión de la Oda a la Alegría...

EDUARDO MORGUENSTERN

Uff, qué preciosidad de versos. Van in crescendo con musicalidad y ritmo, en bella sinfonía de allegros y maestosos que dejan al corazón regocijado.
Bravo poeta.
Todas las estrellas, mi admiración y un beso para ti,:::hug:::
 
Un poema magistral que describe la sincronía perfecta entre los seres que cohabitan el microcosmos de los árboles, desde allí, el poeta encuentra y escucha esa música a veces inaudible, sólo perceptible por los sentidos ocultos que cohabitan en su país de oídos interiores...desde allá el poeta nos presente lo que encuentra, lo que advierte como una salmodia que anticipa el fluir de la naturaleza escondida bajo las hojas de un árbol.

Excelente poema, mis respetos como siempre para el Sr Eduardo, a quien considero desde ya maestro en estos menesteres poéticos.

Un Abrazo y mis estrellas.
De su servidor.

Jairo C.
 
Música en el árbol...


Misteriosos silbidos subterráneos
desprenden sus raíces sumergidas
que sigilosamente penetran
las húmedas y santas vísceras
del vientre cálido y fecundo de la Tierra...

Como guantes delicados y sedosos
emiten un canto inaudible y nacarado
millones de bacterias y oscuros hongos
pútridos y microscópicos
ciñendo a cada pelo de raíz, embelesados.

Y el agua pura que absorben y que ceden
a las raicillas piliformes e invisibles
forma la savia que en límpidas corrientes
suben hacia el tronco en sutil ritmo
de inaudibles e inefables sínfonías,

y el árbol canta, enamorado de la vida
y el árbol crece por micrones cada día
aunque el lerdo ojo humano no lo vea,
y sus sordos sentidos del oído
tan magníficos conciertos no perciban.

Con las ramas y las hojas pone el viento
finas voces de sibilantes melodías
que al oído del poeta son rapsodias
a la gloria del Creador del Universo
entonadas con las fuerzas de la vida

y como broche de oro en el ensamble
natural de tan gentil polifonía
los zorzales cantan en coro majestuoso
de bajos, contraltos, tenores y sopranos
una inmortal versión de la Oda a la Alegría...

EDUARDO MORGUENSTERN


Usted debe estar ya consagrao no?, no, no digo aquí, en to los laos, menudos versos, lo de menudos es la enfásis para decir menudas frasis, las que nos deja, es increíble, su pluma vuela.


Maravillosa composición en un canto alegría, a través de sus versos que son poesía, destripando y describiendo al árbol y rodalías, y descubrir cómo pulula la vida. un abrazo estrellado, aunque no le hacen falta, usted las lleva en toda el alma
 
Es un bonito canto a la naturaleza, un poema lleno de frescura, visualización y meditación perfecta del árbol, que no todas las personas pueden llegar a percibir y que este poeta ha sabido describir de una manera muy hermosa. Aquí te dejo mis estrellas
 

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