baylissang
Poeta recién llegado
Nacemos, alegría y esperanza
morimos, tristeza y esperanza.
Ignoraba yo cuán fuerte es nuestro humano sentimiento de afecto hacia algún semejante, sangre de tu misma sangre, y que cuando la separación terrenal, anunciada desde que tenemos uso de razón, llega sin aviso previo (como suele llegar siempre), nuestra conciencia se niega a aceptarla y nuestra alma sufre un verdadero dolor.
Qué humano, grande, callado e incontrolable es el dolor del hombre ante la separación tajante de su amigo.
Sin embargo, hermano, me reconforta recordar que viviste plenamente, a tu manera, y qué manera me calma pensar que fuiste feliz y río al recordar tus pasajes.
Simultáneo también, es el sentimiento de saber que te encuentras en un lugar mejor, que Dios tuvo planes para ti, que las vanas penas terrenales no te alcanzarán ya, y que estás en paz eso lo sé, puesto que tengo bien puesta mi fe en Dios, en Dios quién se ha apiadado de tu alma y llevado a su lado.
Ahora eres algo de él. Pero antes, compadre, cuando estuviste aquí, en mi caso, me demostraste lo que es ser parte de una familia, lo que significa importarle desinteresadamente a alguien, lo que es ser amigo me apoyaste, me apreciaste, me preocupaste, me enojaste, me reconciliaste y me abrazaste, con ese grueso y sincero abrazo que ahora extraño demasiado.
Espero haber sido para ti en esta vida, por lo menos una pequeña parte de lo que tú para mi fuiste.
Cuando Dios me marque el momento, y si me lo permite, allá te veré, abrazaré y diré: "carnalito ¿qué rollo? ¿cómo anda la cosa?".
Tu hermano, compadre y amigo.
Ignoraba yo cuán fuerte es nuestro humano sentimiento de afecto hacia algún semejante, sangre de tu misma sangre, y que cuando la separación terrenal, anunciada desde que tenemos uso de razón, llega sin aviso previo (como suele llegar siempre), nuestra conciencia se niega a aceptarla y nuestra alma sufre un verdadero dolor.
Qué humano, grande, callado e incontrolable es el dolor del hombre ante la separación tajante de su amigo.
Sin embargo, hermano, me reconforta recordar que viviste plenamente, a tu manera, y qué manera me calma pensar que fuiste feliz y río al recordar tus pasajes.
Simultáneo también, es el sentimiento de saber que te encuentras en un lugar mejor, que Dios tuvo planes para ti, que las vanas penas terrenales no te alcanzarán ya, y que estás en paz eso lo sé, puesto que tengo bien puesta mi fe en Dios, en Dios quién se ha apiadado de tu alma y llevado a su lado.
Ahora eres algo de él. Pero antes, compadre, cuando estuviste aquí, en mi caso, me demostraste lo que es ser parte de una familia, lo que significa importarle desinteresadamente a alguien, lo que es ser amigo me apoyaste, me apreciaste, me preocupaste, me enojaste, me reconciliaste y me abrazaste, con ese grueso y sincero abrazo que ahora extraño demasiado.
Espero haber sido para ti en esta vida, por lo menos una pequeña parte de lo que tú para mi fuiste.
Cuando Dios me marque el momento, y si me lo permite, allá te veré, abrazaré y diré: "carnalito ¿qué rollo? ¿cómo anda la cosa?".
Tu hermano, compadre y amigo.