Rigel Amenofis
Poeta que considera el portal su segunda casa
Nada es igual desde que te fuiste.
Despunta un globo gris
en algún punto del horizonte...
Ánimo turbado: es el levante.
Y a la hora que se entrelazaban
nuestros susurros,
los primeros lúceros y nuestros besos,
el ocaso dibuja una procesión de árboles
en la cresta de los montañas.
A veces llueve,
en ocasiones le da al mundo por florecer;
a la hora del crepúsculo los parques se cuajan
con parejas de enamorados,
como cuando nosotros
los recorríamos tiernamente abrazados;
ellos, con sus sombreros
tipo boa del principito;
ellas, con sus diminutos unicornios
sujetos con cordeles de seda.
Parece, pero ya nada es igual
desde que me dijiste adiós.
27 de noviembre 2012.
Copyright © Derechos reservados ®
Despunta un globo gris
en algún punto del horizonte...
Ánimo turbado: es el levante.
Y a la hora que se entrelazaban
nuestros susurros,
los primeros lúceros y nuestros besos,
el ocaso dibuja una procesión de árboles
en la cresta de los montañas.
A veces llueve,
en ocasiones le da al mundo por florecer;
a la hora del crepúsculo los parques se cuajan
con parejas de enamorados,
como cuando nosotros
los recorríamos tiernamente abrazados;
ellos, con sus sombreros
tipo boa del principito;
ellas, con sus diminutos unicornios
sujetos con cordeles de seda.
Parece, pero ya nada es igual
desde que me dijiste adiós.
27 de noviembre 2012.
Copyright © Derechos reservados ®
Última edición: