Entonces, ya no te sientes especial. Sino que eres única, y punto.
Eso me gusta. La Felicidad de Dios, es la diversidad de sus hijos.
Son distintos, unos de otros. Mas no por ello, preferibles, unos a otros.
Tendemos a considerarnos mejores que el resto.
Porque así, al avanzar, obtendremos entusiasmo y euforia.
¡ Era cierto ! ¡ Soy grande ! ¡ Soy libre ! ¡ Soy !
Pero el Absoluto es el Es. Los demás, estamos aquí, para ser, y no ser.
Eso implica que nos deshacemos.
Nos esfumamos.
Nos reflejamos en un espejo, que es el Universo entero.
Nos divertimos, y nos obcecamos en metas que nos hacen ilusionarnos.
Pero el Absoluto no tiene una meta. Él es. No se dirige a ninguna parte.