Nadie versa mejor que la natura

Évano

Libre, sin dioses.
Paseaba la lluvia de la tarde
la vereda de un río y sus meandros.


El viento voleaba una hojarasca
que acudía a los pasos de mi rostro.


Un revuelo de nubes alocadas
jugaban a pintar de claroscuros
la corriente que el río me mostraba.


Intenté desnudarme de lo humano,
abandonar mis carnes y mis huesos;
mas yo era una vida de este mundo,
un no apto para el reino de los cielos.


Se deshizo el escudo de mi ego
al comprobar que soy uno de tantos,
un humano que ve tras el cristal
cuando Dios nos declama su poesía.
 
Última edición:
Paseaba la lluvia de la tarde
la vereda de un río y sus meandros.


El viento voleaba una hojarasca
que acudía a los pasos de mi rostro.


Un revuelo de nubes alocadas
jugaban a pintar de claroscuros
la corriente que el río me mostraba.


Intenté desnudarme de lo humano,
abandonar mis carnes y mis huesos;
mas yo era una vida de este mundo,
un no apto para el reino de los cielos.


Se deshizo el escudo de mi ego,
al comprobar que soy uno de tantos,
uno de esos que ve tras el cristal
cuando dios nos recita su poesía.
Muy hermoso, la naturaleza es poesía repleta de versos con
vida. Me gustó amigo Évano. Un abrazo.
 
Paseaba la lluvia de la tarde
la vereda de un río y sus meandros.


El viento voleaba una hojarasca
que acudía a los pasos de mi rostro.


Un revuelo de nubes alocadas
jugaban a pintar de claroscuros
la corriente que el río me mostraba.


Intenté desnudarme de lo humano,
abandonar mis carnes y mis huesos;
mas yo era una vida de este mundo,
un no apto para el reino de los cielos.


Se deshizo el escudo de mi ego
al comprobar que soy uno de tantos,
un humano que ve tras el cristal
cuando Dios nos declama su poesía.

Ésta, es una de esas poesías que no habla de rosas rojas y sí de "pasos en el rostro"..., una obra magnífica que me alegro y mucho de descubrir. Te tenía perdido compañero, este maremagnum de palabras me impide llegar, espero no volver a perderte de vista.

Un abrazo!!

Palmira
 
Paseaba la lluvia de la tarde
la vereda de un río y sus meandros.


El viento voleaba una hojarasca
que acudía a los pasos de mi rostro.


Un revuelo de nubes alocadas
jugaban a pintar de claroscuros
la corriente que el río me mostraba.


Intenté desnudarme de lo humano,
abandonar mis carnes y mis huesos;
mas yo era una vida de este mundo,
un no apto para el reino de los cielos.


Se deshizo el escudo de mi ego
al comprobar que soy uno de tantos,
un humano que ve tras el cristal
cuando Dios nos declama su poesía.

Un magnífico poema, Vicente. Yo escribí un soneto en el cual también me calificaba como uno de tantos.
Me gustó mucho el poema tanto en el fondo como en la forma.
Felicidades, poeta
 
Me ha encantado, sobre todo la estrofa

"Intenté desnudarme de lo humano,
abandonar mis carnes y mis huesos;
mas yo era una vida de este mundo,
un no apto para el reino de los cielos."
 

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