Monje Mont
Poeta reconocido en el portal
Soy poco fiable,
Lo digo porque me conozco, o por todo lo contrario.
Me miro desde las cuencas, desde los mismos huesos de la cara,
como si el tiempo me hubiere descarnado y quedaran de mí,
sólo los restos que alguna vez fueron promesas.
Promesas de puertos tan sinceros como los pájaros del frío,
y como los tentáculos eternos que conforman la niebla que los guarda.
Pero ese es el punto: soy poco fiable. Nebuloso quizás,
sólo soy el río eterno que navegaba cuando niño,
desacatando de la gravedad, sus cauces,
y del tiempo, los inflexibles algoritmos que inocula.
Ayer observé una araña. Hacía las cosas que hacen las arañas
para atrapar a los adictos a la muerte,
y supuse que eras tú tejiendo a dos agujas una red.
Una red donde yo podría caer, en caso de errar mis acrobacias.
¿O era el lecho de latrotoxina con el que tú sueles seducirme?
Pude ver tus ojos de araña espulgar todas las trincheras.
Y, preparados tus quelíceros, transgredir los campos blanquecinos
que cubren aquellos puertos de que hablaba.
Imaginé madres que abordaban con gozo su preñez,
para luego argüir las redes sospechosas de una vida que se estira
y que se encoge, mientras hacemos el triste trabajo topográfico
de medir una a una sus pendientes. Soy poco fiable, repito.
Convocaré una tertulia con todos los yoes
que conformaron estos grises blanquecinos.
Versaremos sobre las tácticas para decir te amo de una araña.
O de cómo purgar de brujas los cuentos infantiles
y de tú y yo, las escobas donde solíamos levitar después de misa.
Mientras tanto los narradores sospechosos,
concertarán el solo de guitarra de nuestras versiones clandestinas.
Esas que circulan en la red del vecindario desmintiendo con mentiras,
la versión oficial de nuestras apócrifas cuchillas.
Lo digo porque me conozco, o por todo lo contrario.
Me miro desde las cuencas, desde los mismos huesos de la cara,
como si el tiempo me hubiere descarnado y quedaran de mí,
sólo los restos que alguna vez fueron promesas.
Promesas de puertos tan sinceros como los pájaros del frío,
y como los tentáculos eternos que conforman la niebla que los guarda.
Pero ese es el punto: soy poco fiable. Nebuloso quizás,
sólo soy el río eterno que navegaba cuando niño,
desacatando de la gravedad, sus cauces,
y del tiempo, los inflexibles algoritmos que inocula.
Ayer observé una araña. Hacía las cosas que hacen las arañas
para atrapar a los adictos a la muerte,
y supuse que eras tú tejiendo a dos agujas una red.
Una red donde yo podría caer, en caso de errar mis acrobacias.
¿O era el lecho de latrotoxina con el que tú sueles seducirme?
Pude ver tus ojos de araña espulgar todas las trincheras.
Y, preparados tus quelíceros, transgredir los campos blanquecinos
que cubren aquellos puertos de que hablaba.
Imaginé madres que abordaban con gozo su preñez,
para luego argüir las redes sospechosas de una vida que se estira
y que se encoge, mientras hacemos el triste trabajo topográfico
de medir una a una sus pendientes. Soy poco fiable, repito.
Convocaré una tertulia con todos los yoes
que conformaron estos grises blanquecinos.
Versaremos sobre las tácticas para decir te amo de una araña.
O de cómo purgar de brujas los cuentos infantiles
y de tú y yo, las escobas donde solíamos levitar después de misa.
Mientras tanto los narradores sospechosos,
concertarán el solo de guitarra de nuestras versiones clandestinas.
Esas que circulan en la red del vecindario desmintiendo con mentiras,
la versión oficial de nuestras apócrifas cuchillas.
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