Recitare alabanzas al agua
para que su ensalmo
me proteja siempre.
Es quizás un sueño lo vivido
pero un sueño
en parte construido
sobre los abrazos dados,
las caricias,
las palabras dulces y amargas
que con cuenta gotas unas veces,
y anegando otras,
echamos sobre los amigos.
A menudo las palabras
nos rodean y nos protegen,
otras, se nos clavan
hiriéndonos el alma.
Son como arponcitos diminutos
que necesitan de fuerza y cariño
para neutralizar su veneno.
La palabra es como el espíritu
que nos envuelve.
Surgen de la cabeza y el corazón.
El deseo de sellar mi boca
se acuesta en mi cama
para no herir a quien nos abrazo,
para proteger mi alma
de las palabras negras.
para que su ensalmo
me proteja siempre.
Es quizás un sueño lo vivido
pero un sueño
en parte construido
sobre los abrazos dados,
las caricias,
las palabras dulces y amargas
que con cuenta gotas unas veces,
y anegando otras,
echamos sobre los amigos.
A menudo las palabras
nos rodean y nos protegen,
otras, se nos clavan
hiriéndonos el alma.
Son como arponcitos diminutos
que necesitan de fuerza y cariño
para neutralizar su veneno.
La palabra es como el espíritu
que nos envuelve.
Surgen de la cabeza y el corazón.
El deseo de sellar mi boca
se acuesta en mi cama
para no herir a quien nos abrazo,
para proteger mi alma
de las palabras negras.