agathos
Poeta recién llegado
Suspendido en las aguas
más apacibles de una belleza,
arrastrado por la consumación total
de la conciencia en la idea,
en el alma - señalan los instantes-
y en su innovación de mórbida a lozana
solo constan leves segundos de placer para el enfermo.
-Navegar en las tristezas más dulces del sueño,
sondear la pesadilla del absoluto imposible
del hecho divino en la experiencia-.
Hay semblantes de un naufragio infantil
y plagios de la memoria en voces que no saben lo que dicen
de algo que es carroña y engendro de sus conciencias,
-fútil eco de nuestra voz-
¡Helos en el carro de fuego
de un sortilegio profetizado
en lo arcano de su gloria mezquina!,
de su goce ensangrentado
del pueblo en la lucha,
que disputa sus batallas al son de la corona de pequeños nobles
que estructuran la palabra soberanía en los andrajos sueltos de una prostituta;
de nuestra puta copia feliz del edén.
Somos hijos de esta prostituta
y su noble rufián no nos ha reconocido.
Yace somnoliento el pueblo
en el letargo de la democracia,
en el maquillaje de esta anciana bella y feliz,
sólo tal vez.
Hoy dormir con el pensamiento de la felicidad
y arrebujarse con su cálido manto
en un abrazo oscuro.
Ahora visionario de la torpe lágrima del sueño esperanzador
que irrumpe en su preparación
donde sólo debemos quedarnos quietos
para quien en un beso nos cuida el sueño,
y quietos más aún
para el beso inexorable del vampiro en la pesadilla que nos despierta.
más apacibles de una belleza,
arrastrado por la consumación total
de la conciencia en la idea,
en el alma - señalan los instantes-
y en su innovación de mórbida a lozana
solo constan leves segundos de placer para el enfermo.
-Navegar en las tristezas más dulces del sueño,
sondear la pesadilla del absoluto imposible
del hecho divino en la experiencia-.
Hay semblantes de un naufragio infantil
y plagios de la memoria en voces que no saben lo que dicen
de algo que es carroña y engendro de sus conciencias,
-fútil eco de nuestra voz-
¡Helos en el carro de fuego
de un sortilegio profetizado
en lo arcano de su gloria mezquina!,
de su goce ensangrentado
del pueblo en la lucha,
que disputa sus batallas al son de la corona de pequeños nobles
que estructuran la palabra soberanía en los andrajos sueltos de una prostituta;
de nuestra puta copia feliz del edén.
Somos hijos de esta prostituta
y su noble rufián no nos ha reconocido.
Yace somnoliento el pueblo
en el letargo de la democracia,
en el maquillaje de esta anciana bella y feliz,
sólo tal vez.
Hoy dormir con el pensamiento de la felicidad
y arrebujarse con su cálido manto
en un abrazo oscuro.
Ahora visionario de la torpe lágrima del sueño esperanzador
que irrumpe en su preparación
donde sólo debemos quedarnos quietos
para quien en un beso nos cuida el sueño,
y quietos más aún
para el beso inexorable del vampiro en la pesadilla que nos despierta.