Leonardo Velecela
Poeta que considera el portal su segunda casa
El canto de los niños surge siempre,
aun en las sombras mas profundas,
hasta cuando la muerte los acompaña
y se quedan sus lágrimas en el viento.
Sus risas son presagios, de Dios misericordia.
Son palomas de colores sus sueños,
tan reales, como la fantasía del hombre viejo,
del incrédulo ser que se consume.
Niños de las calles de mi tierra,
en el frió de la sierra consumidos,
cantando armonías pasajeras,
tímidos, como brisa de los andes.
Niños de colores,
de las calles, de las plazas,
mirando la esperanza desde lejos.
Con la ilusión entre sus manos diminutas.
El canto de los niños surge siempre,
como el sol de primavera, callado.
Altivos, sinceros, fantásticos
como la verde selva virgen,
de mi tierra floreciente .
Leonardo V.
aun en las sombras mas profundas,
hasta cuando la muerte los acompaña
y se quedan sus lágrimas en el viento.
Sus risas son presagios, de Dios misericordia.
Son palomas de colores sus sueños,
tan reales, como la fantasía del hombre viejo,
del incrédulo ser que se consume.
Niños de las calles de mi tierra,
en el frió de la sierra consumidos,
cantando armonías pasajeras,
tímidos, como brisa de los andes.
Niños de colores,
de las calles, de las plazas,
mirando la esperanza desde lejos.
Con la ilusión entre sus manos diminutas.
El canto de los niños surge siempre,
como el sol de primavera, callado.
Altivos, sinceros, fantásticos
como la verde selva virgen,
de mi tierra floreciente .
Leonardo V.
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