Nat Guttlein
さん
Las princesas pertecen a Disney
y encerradas entre las paredes mágicas de algún castillo.
Los dulces pertenecen a una caja de san Valentín.
Los besos pertenecen a un par de amantes despidiéndose,
antes que el protagonista despierte.
Las canciones de amor a los corazones rotos y guitarras desafinadas.
Nirvana sigue sonando de fondo y tu exhalas otra risa que se cola entre mi espalda.
El piso sigue frío y la ventana ondeando una tarde de febrero.
El lugar se pudre y comienza a llenarme la nariz de peste,
tus manos siguen pegadas a mi piel sudorosa y eso me da arcadas.
Pero cuán dulce es el amargo placer.
Marcamos cruces en nuestros cuerpos y desechamos corazones como papeles de caramelos.
Sigo mirando al techo, esperando que tu arma siga con balas.
Miras a la nada pero no sonríes,
comienzo a sospechar que las alas en tu espalda comenzaron a pesarte
y por eso ahora solo están cubiertas en pestilentes infecciones.
Que divertido es el abismo cuando lo miras desde arriba.
y encerradas entre las paredes mágicas de algún castillo.
Los dulces pertenecen a una caja de san Valentín.
Los besos pertenecen a un par de amantes despidiéndose,
antes que el protagonista despierte.
Las canciones de amor a los corazones rotos y guitarras desafinadas.
Nirvana sigue sonando de fondo y tu exhalas otra risa que se cola entre mi espalda.
El piso sigue frío y la ventana ondeando una tarde de febrero.
El lugar se pudre y comienza a llenarme la nariz de peste,
tus manos siguen pegadas a mi piel sudorosa y eso me da arcadas.
Pero cuán dulce es el amargo placer.
Marcamos cruces en nuestros cuerpos y desechamos corazones como papeles de caramelos.
Sigo mirando al techo, esperando que tu arma siga con balas.
Miras a la nada pero no sonríes,
comienzo a sospechar que las alas en tu espalda comenzaron a pesarte
y por eso ahora solo están cubiertas en pestilentes infecciones.
Que divertido es el abismo cuando lo miras desde arriba.
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