No es real
Dios y el Diablo están aquí,
en medio de las decisiones que no entiendo,
en medio de mi médula espinal,
en un lugar que no conozco,
en la frontera entre el bien y el mal.
Poder obviar los conceptos,
dirigirme al centro donde tan solo existo,
donde tan solo vivo
sin necesitar a cada instante pedirme perdón.
Incluso ausentarme de la decisión
porque todo me es dado
y dueño de nada soy,
porque no me pertenezco
y a ninguna parte voy.
Y entonces olvidarme
y despreocuparme
de mi propia acción,
y ver cuan estéril es el deseo
de entender como obra el Diablo
y como es el pensamiento de Dios.
Atravesar todas las puertas
y nunca mirar atrás.
Entender que el movimiento
nunca tiene su destino,
ni su principio,
en el azar.
Porque no existe,
porque no es real.
Porque imposible es de abarcar.
Darío Méndez
Dios y el Diablo están aquí,
en medio de las decisiones que no entiendo,
en medio de mi médula espinal,
en un lugar que no conozco,
en la frontera entre el bien y el mal.
Poder obviar los conceptos,
dirigirme al centro donde tan solo existo,
donde tan solo vivo
sin necesitar a cada instante pedirme perdón.
Incluso ausentarme de la decisión
porque todo me es dado
y dueño de nada soy,
porque no me pertenezco
y a ninguna parte voy.
Y entonces olvidarme
y despreocuparme
de mi propia acción,
y ver cuan estéril es el deseo
de entender como obra el Diablo
y como es el pensamiento de Dios.
Atravesar todas las puertas
y nunca mirar atrás.
Entender que el movimiento
nunca tiene su destino,
ni su principio,
en el azar.
Porque no existe,
porque no es real.
Porque imposible es de abarcar.
Darío Méndez