Maktú
Poeta que considera el portal su segunda casa
No fue casualidad, fue Dios que ampara
cubriendo con su manto pedregales,
puliendo con sus manos celestiales
la senda que rugosa se declara.
Lo dice la caricia más preclara
que llega con empujes colosales;
lo dicen mis anhelos personales
que humanos se reflejan en mi cara.
Banales las tristezas y el engaño,
el pecho anquilosado y la ceguera,
la vida sin amor y haciendo daño.
No fue casualidad ni fue quimera:
la muerte se hizo polvo y desengaño
y hoy vaga moribunda y plañidera.
cubriendo con su manto pedregales,
puliendo con sus manos celestiales
la senda que rugosa se declara.
Lo dice la caricia más preclara
que llega con empujes colosales;
lo dicen mis anhelos personales
que humanos se reflejan en mi cara.
Banales las tristezas y el engaño,
el pecho anquilosado y la ceguera,
la vida sin amor y haciendo daño.
No fue casualidad ni fue quimera:
la muerte se hizo polvo y desengaño
y hoy vaga moribunda y plañidera.
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