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En alguna de las ramas
del tronco que desde mi pecho emerge
(cuando las luciérnagas danzan ante los ciegos)
posa un búho que entiende de su condición como Dios
y me es maravilloso transcurrir el azabache tinte
como desvivido oyente de su verborrágico silencio.
En alguna de las ramas
del tronco que desde mi pecho emerge
(cuando las luciérnagas danzan ante los ciegos)
posa un búho que entiende de su condición como Dios
y me es maravilloso transcurrir el azabache tinte
como desvivido oyente de su verborrágico silencio.