Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
No, no lloro por ti, no es por ti que estas lágrimas escapan,
es por el café derramado esta mañana, por la tragedia de una taza rota,
por el pobre calcetín que perdió a su pareja en la lavadora,
por las tristes corbatas que nunca aprendieron a hacer nudos.
Lloro por la ironía de perder el autobús por un segundo,
por el libro que termina en suspenso y nunca más se resuelve.
Lloro por el clima indeciso que no sabe si ser lluvia o sol,
por las palabras cruzadas que se quedan sin respuestas.
Ah, y claro, lloro por el gato de Schrödinger,
que ni vivo ni muerto, sigue en su eterna encrucijada,
por los poemas de Cortázar que nunca entendí del todo,
por las instrucciones de montaje de muebles que siempre sobran piezas.
Lloro por el silencio incómodo de los ascensores,
por las miradas que se cruzan y se pierden sin conocerse.
No, no lloro por ti, no pienses que eres tan importante,
es solo que el mundo está lleno de pequeñas tragedias y yo soy un espectador sensible.
Lloro por la pizza que se enfrió porque nadie vino a tiempo,
por las llaves que siempre se esconden cuando más prisa tengo.
Lloro, sí, por todas esas cosas, y tal vez, solo tal vez,
por esa forma en que tú no estás aquí para verlo.
es por el café derramado esta mañana, por la tragedia de una taza rota,
por el pobre calcetín que perdió a su pareja en la lavadora,
por las tristes corbatas que nunca aprendieron a hacer nudos.
Lloro por la ironía de perder el autobús por un segundo,
por el libro que termina en suspenso y nunca más se resuelve.
Lloro por el clima indeciso que no sabe si ser lluvia o sol,
por las palabras cruzadas que se quedan sin respuestas.
Ah, y claro, lloro por el gato de Schrödinger,
que ni vivo ni muerto, sigue en su eterna encrucijada,
por los poemas de Cortázar que nunca entendí del todo,
por las instrucciones de montaje de muebles que siempre sobran piezas.
Lloro por el silencio incómodo de los ascensores,
por las miradas que se cruzan y se pierden sin conocerse.
No, no lloro por ti, no pienses que eres tan importante,
es solo que el mundo está lleno de pequeñas tragedias y yo soy un espectador sensible.
Lloro por la pizza que se enfrió porque nadie vino a tiempo,
por las llaves que siempre se esconden cuando más prisa tengo.
Lloro, sí, por todas esas cosas, y tal vez, solo tal vez,
por esa forma en que tú no estás aquí para verlo.