Querida Antitesis
Poeta recién llegado
Me encantó mirarte.
Hace mucho no lo hacía y pues, ¿qué contarte?
Admito que sentí un respiro, aparentabas estar bien y para mi desubicado corazón, eso era más que suficiente.
Obviamente tenía que comportarme, como si verte no hubiera sido el regalo más hermoso; disimular que respirar el mismo aire me unía a ti de miles de formas. No, era imposible que mi rostro reflejara cualquiera de esos sentimientos, no estaba en mis planes hacerlos notar, no tenías derecho a saber lo bien que me hace estar en tu presencia.
Tú sonrisa se desplego como magia, pude sentir su calor, disfruté su calidez. No sé si la provoqué, aveces me regalo el sueño de que puedo hacer de ti una mejor persona, preso en sonrisas, anhelando tus carcajadas. Admito que me sentí tentada a devolvértela, fue tanta la tentación que mi única protección fue evitar mirarte, ladear la cabeza y buscar como loca un paisaje más interesante (me convencí de haberlo hallado, puro espejismo) pero siempre volvía a ti; un imán me atraía hacía ti.
Me tocaste, cuando tratamos de improvisar un saludo, no coordinamos ideas (invento que te encontrabas tan impresionado como yo y eso tan maravilloso que hay en tu cabeza solo daba vueltas, parecía que las mariposas habían tomado posesión de ella), te ofrecí mi mano y la apretaste con tal (aún no descifro) amor, deseo, inquietud, convicción, esperanza, en fin, intención de hacerte sentir, haciendo que por segunda ocasión tuviera que mantener mi rostro inmutable, cuando juro que mis ojos gritaban: abrázame.
De todas maneras, no me das tregua.
Hace mucho no lo hacía y pues, ¿qué contarte?
Admito que sentí un respiro, aparentabas estar bien y para mi desubicado corazón, eso era más que suficiente.
Obviamente tenía que comportarme, como si verte no hubiera sido el regalo más hermoso; disimular que respirar el mismo aire me unía a ti de miles de formas. No, era imposible que mi rostro reflejara cualquiera de esos sentimientos, no estaba en mis planes hacerlos notar, no tenías derecho a saber lo bien que me hace estar en tu presencia.
Tú sonrisa se desplego como magia, pude sentir su calor, disfruté su calidez. No sé si la provoqué, aveces me regalo el sueño de que puedo hacer de ti una mejor persona, preso en sonrisas, anhelando tus carcajadas. Admito que me sentí tentada a devolvértela, fue tanta la tentación que mi única protección fue evitar mirarte, ladear la cabeza y buscar como loca un paisaje más interesante (me convencí de haberlo hallado, puro espejismo) pero siempre volvía a ti; un imán me atraía hacía ti.
Me tocaste, cuando tratamos de improvisar un saludo, no coordinamos ideas (invento que te encontrabas tan impresionado como yo y eso tan maravilloso que hay en tu cabeza solo daba vueltas, parecía que las mariposas habían tomado posesión de ella), te ofrecí mi mano y la apretaste con tal (aún no descifro) amor, deseo, inquietud, convicción, esperanza, en fin, intención de hacerte sentir, haciendo que por segunda ocasión tuviera que mantener mi rostro inmutable, cuando juro que mis ojos gritaban: abrázame.
De todas maneras, no me das tregua.
Última edición: