Nat Guttlein
さん
Suelo pintar murales con tus maquillajes,
nublarme de vez en cuando ante el reflejo de tu piel en el espejo,
y sentarme al pie de la cama,
aquel que quedo sin rastro alguno de tus zapatillas. Me orillo en sueños en islas desiertas,
pantanosas,
rocosas,
repletas de libros y de ti.
Suelo admirar y trepar por las arrugas de tu vestido, aquel que aún me grita desde lo recóndito del ropero, quien sale de vez en cuando a bailar,
tomado de mi mano,
quien me tararea sonatas de Chopin.
La noche melancólica sigue en pie,
pero cayéndose a pedazos,
golpeando sin premura los vidrios de mi ventana. Todo parece caer afuera,
ceder ante la voluntad divina
y entristecerse por lo vivido.
He comenzado a escribir una vez más,
todo lo que me parece que se parece a ti.
Y aún así,
sigue sonando exactamente cada vez más,
como a mí.
nublarme de vez en cuando ante el reflejo de tu piel en el espejo,
y sentarme al pie de la cama,
aquel que quedo sin rastro alguno de tus zapatillas. Me orillo en sueños en islas desiertas,
pantanosas,
rocosas,
repletas de libros y de ti.
Suelo admirar y trepar por las arrugas de tu vestido, aquel que aún me grita desde lo recóndito del ropero, quien sale de vez en cuando a bailar,
tomado de mi mano,
quien me tararea sonatas de Chopin.
La noche melancólica sigue en pie,
pero cayéndose a pedazos,
golpeando sin premura los vidrios de mi ventana. Todo parece caer afuera,
ceder ante la voluntad divina
y entristecerse por lo vivido.
He comenzado a escribir una vez más,
todo lo que me parece que se parece a ti.
Y aún así,
sigue sonando exactamente cada vez más,
como a mí.