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No soy él

Jesus Arriaza

Poeta recién llegado
Hoy percibo inquieto a mi alter ego; me pregunta dónde habito en la memoria. Si admito, entonces, que no habito en ningún lado, morderá la aparente calma que reposa aquí, entre mis vértebras. No soy ese que jadea rabioso en búsqueda de lo que ya no es. No soy ese que, queriendo parecerse a mí, olvida encontrarse en el espejo.

Hoy percibo peligroso a mi alter ego; amenaza con escudriñar en lo que evito mostrar, aun si no me observan. Me pregunta quién es ese, y no sé si apunta a mí o a quien no cree es él.

No soy ese que me acusa de abandonar el deseo de carne ajena; soy, más bien, este que intenta proteger del filo las venas que conectan mis pecados a la conciencia. Mi alter ego grita que soy él; por el contrario, lo que mañana podría ser me pide recalcular la distancia que separa el beso entre eso y yo.

Lo conozco, como si de mí estuviese hablando, y puedo esperar que en mi cama se aparezca, me acuse un poco más, me bese brevemente. Mi alter ego está descoordinado; ha olvidado que no está para ser, sino para ser recordado y, entonces, como advertencia, su existencia me haga entender que no soy lo que solía ser.
 
Hoy percibo inquieto a mi alter ego; me pregunta dónde habito en la memoria. Si admito, entonces, que no habito en ningún lado, morderá la aparente calma que reposa aquí, entre mis vértebras. No soy ese que jadea rabioso en búsqueda de lo que ya no es. No soy ese que, queriendo parecerse a mí, olvida encontrarse en el espejo.

Hoy percibo peligroso a mi alter ego; amenaza con escudriñar en lo que evito mostrar, aun si no me observan. Me pregunta quién es ese, y no sé si apunta a mí o a quien no cree es él.

No soy ese que me acusa de abandonar el deseo de carne ajena; soy, más bien, este que intenta proteger del filo las venas que conectan mis pecados a la conciencia. Mi alter ego grita que soy él; por el contrario, lo que mañana podría ser me pide recalcular la distancia que separa el beso entre eso y yo.

Lo conozco, como si de mí estuviese hablando, y puedo esperar que en mi cama se aparezca, me acuse un poco más, me bese brevemente. Mi alter ego está descoordinado; ha olvidado que no está para ser, sino para ser recordado y, entonces, como advertencia, su existencia me haga entender que no soy lo que solía ser.
A veces la voz del alter ego se convierte en un conflicto interno y nos hace alterar la percepción para ir en busca de un significado a nuestras vidas.

Saludos
 
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