Becqueriano
Poeta recién llegado
No tengo ganas de nada,
ni de vivir siquiera.
No tengo ganas de andar
con un rumbo fijo,
hacia un lugar,
donde no me espera nadie.
No tengo ganas de asomarme
al maldito espejo,
no vaya a ser
que recuerde quién fui.
No tengo ganas de respirar
este aire viciado y angustioso,
cargado de intereses
y de sonrisas de oasis.
No tengo ganas de hablar
pues no hay nadie que me escuche,
ni tan siquiera puedo pedir auxilio
en la cárcel que me supone la vida.
No tengo ganas de amar,
pues tanta veces me han apuñalado,
que el corazón trata, como pueda, de aguantar.
Y con cada tictac lo noto más apagado.
No tengo ganas de soñar,
cómo voy a hacerlo
si mis noches son torturas
de las que no puedo escapar.
No tengo ganas de ver,
pues mis ojos sólo se preocupan
de tener nuevas lágrimas para echar.
Me es triste, que no se puedan suicidar.
Y entonces, ¿qué ocurre cuando se pierde
la esperanza y las ilusiones?
No tengo ganas de nada ni de nadie,
ni siquiera de vivir.
ni de vivir siquiera.
No tengo ganas de andar
con un rumbo fijo,
hacia un lugar,
donde no me espera nadie.
No tengo ganas de asomarme
al maldito espejo,
no vaya a ser
que recuerde quién fui.
No tengo ganas de respirar
este aire viciado y angustioso,
cargado de intereses
y de sonrisas de oasis.
No tengo ganas de hablar
pues no hay nadie que me escuche,
ni tan siquiera puedo pedir auxilio
en la cárcel que me supone la vida.
No tengo ganas de amar,
pues tanta veces me han apuñalado,
que el corazón trata, como pueda, de aguantar.
Y con cada tictac lo noto más apagado.
No tengo ganas de soñar,
cómo voy a hacerlo
si mis noches son torturas
de las que no puedo escapar.
No tengo ganas de ver,
pues mis ojos sólo se preocupan
de tener nuevas lágrimas para echar.
Me es triste, que no se puedan suicidar.
Y entonces, ¿qué ocurre cuando se pierde
la esperanza y las ilusiones?
No tengo ganas de nada ni de nadie,
ni siquiera de vivir.