En aquel remanso de paz que pincelaba serena,la mano invisible de la sagrada naturaleza,tu y yo nos dimos un ardiente beso musical en nuestros labios de zafiro.Era la primera vez que sentía el goce descomunal del alado amor.Y penetrando con mi mirada de lince en tu pupila de verde mar,me di cuenta que cuando cantase el negro gallo,te irías hacia la aurora de blancor dulzor para despedirte cruel de mi alma.Pero mientras la noche de vestimenta de seda siguiese gobernando nuestros desventurados espíritus insaciables,nos acariciaríamos entre tinieblas de denso papiro escrito con sangre de toro.Y he aquí,en la eternal obscuridad,donde hicimos el coito que nos fundió en un solo ser.